Apuntes para un ensayo sobre el periodismo en Villalba (III)


12.—EL VILLALBÉS publica su número 1 el día primero de enero de 1925. El director-propietario es don Mariano Pérez Ceinos, residente actualmente en Lugo, quien podría darnos más datos. EL VILLALBÉS era un periódico semanal que se publicaba los jueves y se vendía, como casi todos, a diez céntimos ejemplar, costaba cinco pesetas la suscripción para fuera de Villalba y siete pesetas para el extranjero. 

13.—LA UNION CIUDADANA es un «Boletín-Órgano de «Unión ciudadana anti- caciquil» y publica su número 1 el día primero de enero de 1929. Tiene la gran ventaja de que «Se reparte gratis a lo socios y simpatizantes». Ignoro la fecha de su desaparición, lo que me pasa con todas las publicaciones citadas, a excepción de HERALDO DE VILLALBA. Sé que el presidente de la «Unión ciudadana anticaciquíl» era don José Carballeira y el secretario don Vicente Otero Cao. Esto en 1929, pues también sé que a 13 de diciembre de 1925 fue nombrado Vocal honorario don Ramón Ferreiro Lago que había sido secretario fundador, lo que quiere decir que, funcionando por lo menos desde el citado año 1925, la «Unión Ciudadana Anticaciquíl», no pudo o no quiso sacar a la luz su periódico LA UNIÓN CIUDADANA hasta la mencionada fecha. 

14.—ARIETE es una publicación misteriosa, para mí, en cuanto que hice cuanto pude por conocer siquiera un ejemplar y no me fue posible. Con todo, pude averiguar que se publicaba por los años 1931 y 1932, que entre sus fundadores figuraban don Luis Bouza y don Ramón Graña, conocido en Villalba por Chicherín, hombre al parecer de mucho ingenio y que el director de ARIETE fue don Aniceto Fanego Fraga, natural de Goiriz, nacido el 16 de septiembre de 1904, quien, actualmente vive en Román –Villalba– en el lugar llamado CARBOEIRA. Me entrevisté con él pero no guardaba ejemplar alguno del periódico y me dijo que el hecho de figurar él como director se debió a que los jóvenes villalbeses fundadores de ARIETE lo eran demasiado para poder ellos mismos figurar como responsables de la publicación. 

15.—STADIUM, publicación «Al servicio del deporte inter-parroquial» ve la luz el 15 de marzo de 1949 y dura solamente unas semanas, el tiempo que tardó en desarrollarse un Campeonato Interparroquial de fútbol, organizado por mi compañero Antonio Ramil Rivera, ya fallecido, que donó el «Trofeo Café-Bar Fornos», corriendo, igualmente, con todos los gastos del semanario. A partir del segundo número del mismo puede decirse que STADIUM fue mecanografiado y casi escrito en su totalidad por un tal García Mato, que hoy, releyendo lo allí escrito se da cuenta de que no tenía ni idea de lo que es escribir para el público. Vergonzoso pero cierto. El último número de STADIUM salió el 22 de abril de 1949. 

16.—El 18 de marzo de 1950, aparece CASTILLO, con destino a «la Juventud Deportiva». Apoyó su fundación don Zoilo López Ron, perdiendo dinero, como es natural. El tal García Mato –¡anda y que te ondulen con la permanén!– reincide en los mismos pecados que había cometido en STADIUM y, claro, CASTILLO muere, el pobre, repentinamente en abril del mismo año 1950. Estaba visto. No podía ser de otra manera. 

17.—Cuando ya tenía ese trabajo finalizado, firmado y rubricado, me dio el pálpito de que algo me faltaba aparte de citar EL VILLALBÉS de Buenos Aires. En efecto, volviendo a «remexer» entre mis papeles tropiezo con LA VOZ VILLALBESA, lo que me obliga a rehacer el primer folio y a continuar escribiendo con la agravante de hacer más largo aún este trabajo.
LA VOZ VILLALBESA publica su primer número, único que conozco, el día 16 de enero de 1921. Es una «Revista mensual defensora de los intereses de Villalba y su comarca, la dirige don Andrés Pernas Pérez y tiene su domicilio en la calle de Valeriano Valdesuso. Se vende el número suelto a quince céntimos, en Villalba, y a 0,90 pesetas el trimestre para la misma localidad. Para provincias el precio es de 1,10 semestre y para el extranjero 1,50 pesetas el mismo tiempo. En su página tercera del indicado número LA VOZ VILLALBESA nos da noticias de que Noriega Varela es traducido y admirado en Dinamarca y Francia y de que América «le rinde pleitesía» y en el mismo suelto escribe: «La deferencia que a «La Voz Villalbesa» ha demostrado –se refiere a Noriega– escribiendo expresamente para ella la poesía, como todas las suyas admirable, con que honramos hoy nuestras columnas y prometiéndonos colaboración asidua constituye para nosotros una deuda de gratitud que difícilmente podremos saldar aún ofreciéndosela ilimitada y perdurable». Como supongo que el poema citado anteriormente será poco o nada conocido, estimo procedente su reproducción, tal y como fue publicado en LA VOZ VILLALBESA. Es el siguiente:
COUSA BONITA Expresamente para «La Voz de Villalba»

Fálame, cousa bonita,
¡D,as rayoliñas d,a lua
Qu, entran a furto, na ermita!

E non me lembres a torre
Donde te tuvo enmeigada
Industria d,amor que morre.

D,outros máis altos destinos
¡Che fal, a paz d,estes ermos,
Y-o psalmear d,estes pinos!

Quen te veu, musa, algún día
Fastuosiña no adro,
Desguedellada na fía,
Humild, agora te vexa
Bicál-a crus d,o resario.
Y-o pavimento d´airexa

ANTONIO NORIEGA VARELA

Y también en el referido suelto, nos informa LA VOZ VILLALBESA de que en Francia, analizando la poesía de Noriega consideran que «la terre de Galice n,a plus sincere intérprete, un peu sauvage, mais enjouée». Buena definición, por las barbas de mi abuelo, la que los franceses hacen de Noriega: «un poco salvaje pero alegre». No leí nada mejor sobre ese poeta tan querido y recordado en Villalba, aún hoy. Por algo será.

18.—EL VILLALBÉS de Buenos Aires no es un periódico villalbés, claro está si tenemos en cuenta que no se publicaba en Villalba. Para mí es tan villalbés como el primero, de hecho y de derecho, por cuanto villalbeses lo fundaron, villalbeses lo escribieron y villalbesa era la información que publicaba: bodas, bautizos, sucesos, viajeros, necrología. Todo referente a gentes naturales de Villalba o de su Partido Judicial.
EL VILLALBÉS  de Buenos Aires era una «Publicación oficial del «Centro Villalbés de Buenos Aires», el mismo que editó las poesías del cura-poeta, don José María Chao Ledo en 1930-31. Sabemos que ya se publicaba en 1929, pues Antonio García Hermida, en copia de carta manuscrita que conservo, escribe al director de dicha publicación, Ramiro Díaz Verdes, con fecha 5 de marzo del mencionado año 1929, agradeciéndole que le hayan nombrado «representante general en esta villa del periódico que usted acertadamente dirige en esa capital –se refiere a Buenos Aires –EL VILLALBÉS». Por el mismo EL VILLALBÉS sabemos que se publica «el cuarto domingo de cada mes», que se vendía el número suelto a 0,20 pesetas y que en 1932, en su número 51, camina por el año IV de su vida, con lo que tenemos que, sin duda, apareció en 1928.
Debo terminar. Largo, pero no fácil este trabajo. Mis horas de insomnio me costó, por eso espero comprensión por parte del lector si, a pesar de mi advertencia, llegó al final bostezando. Leí, anoté, resumí, escribí.

Apuntes para un ensayo sobre el periodismo en Villalba (II)


5.—En el año 1915, precisamente el 15 de agosto, se publica el primer número de “Villalba y su comarca”, que se titula “Semanario defensor de los intereses de Villalba y su partido” y en él colaboran, entre otros, además de García Hermida, Antonio Noriega Varela, con la festiva carta en verso que reproduzco en otro trabajo y el polémico autor de Películas Académicas, don José María Riguera Montero. De esta publicación se que iba por su número once el 24 de octubre del citado año 1915 sin que pueda ni remotamente precisar la fecha de su desaparición. Se vendía a 25 céntimos al mes, una peseta el trimestre para la Península y a cuatro pesetas semestre, para ultramar. 

6.—En 1916, Antonio García Hermida funda “Heraldo de Villalba”, que saca a la calle su primer número el día 4 de marzo del citado año. Es un “Periódico defensor de los intereses de la comarca villalbesa”. Se publica 2 veces al mes y se vende a diez céntimos el número suelto, para Villalba; a una peseta el semestre, también para la localidad y, para provincias, a 2,50 pesetas año, siendo el precio para el extranjero el anual de cuatro pesetas. Empieza teniendo domiciliadas redacción y administración en la calle de Valeriano Valdesuso, número 7; pero en 1919 éstas pasan a domiciliarse en la travesía del Pan –imprenta– donde permanecen hasta 1927, año en que se efectúa un nuevo y definitivo cambio para la Plaza del Castillo, número 5, que es el domicilio del propio García Hermida –hoy Plaza de Calvo Sotelo–, y allí muere “Heraldo de Villalba”, el 12 de abril de 1931, yendo por su año XVI de vida y número 286 del periódico. Dos días después se proclamaba la Segunda República en España, un dato a tener en cuenta al considerar las posibles causas de la desaparición de “Heraldo de Villalba”, dada la ideología de su director y redactores que eran lo que se definía como “hombres de derechas”.

7.—“Galicia Pintoresca”, “Revista quincenal ilustrada”, tenía su domicilio en Feria, número 3 e informaba sobre “agricultura, turismo, sociología, literatura, arte, información”. Cuenta con colaboración escogida y “tiene representantes en toda Galicia”. En efecto, pueden verse colaboraciones procedentes de Santiago, El Ferrol, Cervo, Fene, Santa Marta de Ortigueira y además algunas fechadas en La Habana (Cuba). Esta publicación camina por su Año II y número 31 a 15 de agosto de 1917, por lo que puede asegurarse que se inició en 1916 y sé que aún se publicaba en 1918, puesto que me consta que a 3 de febrero de dicho año, el III de su vida, salió a la calle el número 41. A partir de ahí lo ignoro todo. En resumen, “Galicia Pintoresca” vive, por lo menos desde 1916 a 1918 año en que aparecen “El Gato” y “Aurora”, como veremos luego. 

8.—En 1917 sale a la luz “A Xusticia”, que a 9 de julio de 1919 saca su número 15 a la calle, con colaboraciones en gallego y castellano. Se trata de un “Boletín do Comité Rexionalista” que “Pubrícase unha vez ó mes”. El director de “A Xusticia” –ya lo cité– es don Xosé Novo Pardo. Esta publicación alcanza por lo menos el año 1921, IV de su vida, pues el número 33 de la misma corresponde al mes de mayo del año referido. Son pues, como mínimo, cuatro años los que vive este periódico. 

9.—“Aurora” es una “Revista informativa-literaria que nace en 1919 –a finales de 1918– puesto que su número 3, año II, corresponde al 3 de febrero de 1919 y en 31 de agosto de 1919, día de San Ramón Grande en Villalba, va en su número 8. Publica trabajos de Antonio Rey Soto, Noriega Varela, José Lesta Meis, Leandro Carré y del villalbés Pablo Pena de Olano. Es todo cuanto se de “Aurora”. Algo más nos dirá “El Gato”. 

 10.—“El Gato” es una “Publicación casual amena e independiente” que salió, sin duda, para polemizar con “A Xusticia”, puesto que, a la izquierda del título del periódico, aparece un dibujo bastante rudimentario, en el que figura un gato caminando detrás de un ratón sobre un periódico que lleva por título el referido de “A Xusticia”. Este periódico a 1 de enero de 1921 va por su año III y número 29. Tiene la redacción y administración en casa de don Francisco Cascudo Leiras, en la calle Conde Pallares, numero 24. Por el número 20 de “El Gato”, fechado en 1 de mayo de 1920, año II del periódico, nos enteramos de que por aquellas fechas se publicaban en Villalba simultáneamente “Heraldo de Villalba”, “Aurora”, “A Xusticia” y “El Gato” y ojeando “El Gato”, correspondiente al 15 de mayo de 1920 averiguamos que el director de “Aurora” era don Antonio García Penabad porque nos dice “El Gato”, que “Aurora”, con fecha 15 de abril del citado 1920 publicó el retrato de su director, pero que luego este al firmar los ejemplares para la autoridad “lo hace estampando lo siguiente: el director P.O. G.ª Penabad”. Y entonces va “El Gato” y se pregunta: “¿Qué quiere decir P.O.? ¿Por orden o por oposición?”. Y le dedica estos versos al señor Penabad:
Que la cosa tiene miga
a las leguas bien se va.
Si el es director P.O.
¿Qué será del R.I.P.?
“El Gato”, por los versos que hemos leído y a juzgar por los que vamos a leer, tenía bastante mala uva. En efecto, a derecha e izquierda del título en el ejemplar que tengo a la vista, pueden leerse los siguientes versos en idioma gallego:
Aquí me tedes “O Gato”
disposto a cazar o rato.
Tan axiña o espanzurre
eivolo vender barato.
Retratóuno ben ¡caray!
o inxenio do Xermán.
Gasta anteollos ¡mal lle vaya!
o bigote de caimán.
Pra ser rato é descarado.
De orador non ten un pelo.
De literato é un destrago.
E de exame entende... memo.

Corre rato, escapa rato...
pois si te chego a cazar
haste de acordar do “Gato”
E non te volvo avisar.
Como el 2 de agosto de 1919 “El Gato” publica su número 7, es fácil deducir que su primer número salió en el citado año y que duró, por lo menos, como hemos visto hasta 1921.
 
11.—“El Progreso Villalbés” es un “Órgano quincenal defensor de los intereses morales y materiales de la comarca y el de mayor tirada y circulación de la misma” –eso se lo dirás a todas, digo yo–. El director es don José Enriquez Chanot y el administrador Acisclo Alvarez Martín. “El Progreso Villalbés” necesariamente tuvo que aparecer en 1922 porque el número 29 de 16 de diciembre de 1923 nos dice que el periódico camina por su año II. Luego nos enteramos, por el número 110, correspondiente al año V y día 10 de octubre de 1926 que este periódico “se publica tres veces al mes”, por lo que, por esas fechas, ya ha pasado a ser decenal, al tiempo que desaparece del mismo el nombre del administrador Acisclo Alvarez y aparece como directo-gerente el mismo don José Enríquez Chanot. A 23 de junio de 1927 se publica el número 136, correspondiente al año VI de la publicación. “El Progreso Villalbés”, como vemos, por lo menos vivió seis años.

Apuntes para un ensayo sobre el periodismo en Villalba (I)


            El que avisa no es traidor, dice el hombre del pueblo con más frecuencia de la quizás necesaria, pero la verdad es que en esta ocasión, al que suscribe le viene pintiparado el dicho para que sus lectores –hay que ser optimista– no se llamen a engaño. El infrascrito, con razón o sin ella, aunque no es de Lalín, practica –y así le va– la sinceridad y la lealtad, virtudes que ama fanáticamente, apasionadamente, y que hoy escasean tanto que buscar un ser humano que las posea es tanto como “buscar un da capa negra en Santiago” cuando en Santiago usaban capa. Proliferan en cambio que es un primor –casi tanto como los automóviles– la falsedad y la traición. Por eso, para que el lector no pueda acusarle de falsía y traición, el infrascrito advierte que este trabajo será mortalmente aburrido para todo aquel que no sienta un interés especial por cuestiones relativas a Villalba, porque aquí se va a tratar, única y exclusivamente, de datos que sirvan, llegado el caso, como base para un trabajo más amplio sobre periódicos y periodistas villalbeses.
El 19 de diciembre de 1953 -¡quién te ha visto y quién te ve, compañero!–, el autor de estas líneas publicaba en las páginas de EL PROGRESO un artículo titulado: “Villalba: Más que en Arévalo”, que venía a ser una respuesta al que en la revista “Fotos” (5-12-53) había publicado Juan Francisco Puch para hacernos saber que en Arévalo, desde 1898 hasta 1953, habían visto la luz ocho periódicos, afirmando, de paso, que no conocía caso igual en ningún otro pueblo español”. Claro, yo sabía que en Villalba habían existido más y en dicho trabajo –en el mío– hice constar, relacionándolas, once publicaciones periódicas. Hoy, después de tantos años, tantos que ya uno puede cantar con Carlos Gardel aquello de “Ahora... cuesta abajo es mi rodada...”, las cosas están más claras y a esas once publicaciones pueden añadirse otras seis, con lo que obtenemos un total de diecisiete publicaciones periódicas villalbesas y,  si contamos entre ellas a “El Villalbés”, de Buenos Aires, tenemos dieciocho, lo que no está nada mal y hace suponer que quizás ningún pueblo de España haya contado a lo largo del tiempo con tan elevado número de periódicos, ni contará ya nunca, porque eso de los periódicos en los pueblos, va de capa caída y en las ciudades ya veremos porque, según parece, en el terreno periodístico el horno no está para bollos. Pero vamos a lo nuestro, es decir, a lo que a los villalbeses interesa, que para algo estamos en San Ramón y EL PROGRESO, un año más, nos concede el espacio necesario.

  1. “El Eco de Villalba” es la primera publicación periódica que aparece en nuestra villa. Fundada y dirigida por Manuel Mato y Vizoso es una “Revista mensual” de la que puedo afirmar que a 16 de abril de 1908, va en su número cinco, año I, de lo que puede deducirse que vio la luz el primer número o bien en diciembre de 1907, o en primero de enero de 1908, como tal revista mensual, porque poco más tarde, el 1º de agosto de 1908, número 10, ya aparece, año I, “Segunda Época”; como “revista quincenal consagrada a la defensa de los intereses de Villalba y su comarca”, siendo administrador de la misma don José Novo Pardo, quien más tarde había de dirigir “A Xusticia”. En ese número 10 de la revista encontramos colaboraciones de Noriega Varela y Antonio García Hermida entre otros. La revista se vendía a 10 céntimos y –cosa nunca vista– advertía que “No se admiten suscripciones”. Supongo que esta advertencia se debía a que “vale más pájaro en mano...”, o sea, que había que pagar a tocateja, por si las moscas, porque una cosa es predicar y otra muy diferente dar trigo y, a lo que parece, los fundadores de “El Eco de Villalba” no tenían sus esperanzas depositadas en el trigo que pudieran dar los probables suscriptores, porque, como decía el otro “aquí todos somos moi honrados, pero a min fáltame un carneiro”. Aquí, no me resisto a transcribir los versos que se insertaban en el citado número, originales del gran Noriega. Veámoslos:
“E de prata a folerpiña,
d´ouro vello a frol da xesta:
ben pode rumbar o monte
señor de tanta riqueza.”

Manuel Mato Vizoso fallece el día 9 de febrero de 1909 y, desde entonces, ignoramos quien dirige la revista, aunque sabemos que a 30 de marzo de 1911, número 79, ya no hace figurar como administrador a D. José Novo Pardo y aunque tampoco indica quien es el director ruega que le dirijan a éste la correspondencia. La última noticia que puedo dar de “El Eco de Villalba”, corresponde al número 200, Año VIII, de 25 de septiembre de 1915, siendo esta una fecha equivocada pues una nota inserta en dicho número dice que debe llevar la de 3 de octubre de 1915. En resumen, la publicación de “El Eco de Villalba” se efectúa ininterrumpidamente desde 1908 hasta por lo menos 1915, año en que aún se publica “El Ratón”, aparecido en 1909 y “Azul y Blanco”, que nace en 1914, además de “El Vigía Villalbés”, quizás, porque esto no lo tengo por seguro. 
  1. “El Ratón”, periódico que fundó y dirigió D. Antonio Peña Novo, aparece en 1910 según se deduce del hecho de que a 3 de agosto de 1913 va en su número 23 y Año IV, datos que constan en la cabecera del periódico, con la indicación de que se trata de un “periódico quincenal” y que es “Órgano oficial de la clase de ratas municipales”. De este periódico sé que aún se publicaba a 16 de mayo de 1915, fecha en que sale el número 73, Año VI del periódico que se vendía a diez céntimos, publicaba algún trabajo en idioma gallego, lo mismo que “El Eco de Villalba”, tenía como precio de suscripción 1,50 pesetas año, para España, y para el extranjero “el que fijen los corresponsales”. Quedamos en que “El Ratón” se publica por espacio de seis años y, de momento, no podemos precisar la fecha de su desaparición aunque quizás no sea difícil averiguarla. 
  2. -De “El Vigía Villalbés” tengo mis dudas, como dije. Resulta que poseo dos ejemplares, uno correspondiente al 7 de febrero de 1914, número 13, y otro del 7 de marzo de 1914, o sea el número siguiente inmediatamente. Si, como se lee en la cabecera del periódico era ésta quincenal y además en su número 13 va por su Año VIII, las cosas están más confusas porque resulta que lo de quincenal no es cierto puesto que del 7 de febrero al 7 de marzo han pasado treinta días y no quince, es decir, un mes, y luego eso de que siendo quincenal el periódico vaya en el Año VIII con sólo trece números eso no lo cree ni el que asó la manteca. En esto de las fechas “El Vigía Villalbés” no hacía honor a su lema, que era este “Por tu prosperidad, Villalba, vigilaré constantemente”. Muy bien, señores redactores y director o señor director y redactores, muy bien, fuesen quienes fuesen ustedes, que nada dice su publicación, pero eso de las fechas ¿eh? ¿no convendría vigilarlo también un poco aunque estuviesen ustedes en 1914? Ahora, claro, ya no tiene remedio la cosa. En su última página se nos hacía saber, en un verdadero alarde tipográfico que “El Vigía Villalbés” se vende en la Barbería de Jesús Fanego –Calle del Conde Pallares– Villalba”. A D. Jesús Fanego lo he conocido yo; en su barbería me ha cortado el pelo más de  una vez, siendo yo niño, era muy servicial y amable y de gran corrección, casi afectación, hablando. Si se le daba propina solía decir: “Sumamente agradecido” y esa frase era popular en Villalba entre los hombres de su generación. Tampoco he podido averiguar en que año dejó de publicarse este periódico.
  3. “Azul y Blanco”, revista quincenal, fundada y dirigida por Antonio García Hermida, publica su número 3 a 19 de noviembre de 1914, lo que nos da, para su primer número, el 16 de octubre del mismo año 1914. Se vende el número suelto a 15 céntimos, a 0,75 pesetas el trimestre, para Villalba, y a 3 pesetas al año, dentro de la misma localidad, fuera vale 3,50 pesetas la anualidad y en el extranjero “fijarán el precio los corresponsales”. “Azul y Blanco” todavía se publica durante 1915, puesto que a su director, Antonio García Hermida, se dirige por carta, con fecha 9 de enero de dicho año, el “Comité de Homenaje Póstumo a D. Manuel Mato y Vizoso –Ilustre Villalbés– patrocinado  por la “Unión Villalbesa y su comarca de la Habana”. Si no desapareció en 1915, seguramente lo haría en 1916, año en que García Hermida funda su “Heraldo de Villalba”, periódico éste que había de prolongar su vida hasta 1931, porque es de suponer que su fundador no pudiese dirigir y sostener dos publicaciones de las que era responsable al mismo tiempo y a las que tendría que añadir sus aficiones musicales –era violinista– y poéticas, además del cuidado de su familia, la dirección de su negocio y las colaboraciones para otros periódicos y revistas de la región.

O Santo que fuxía da capela


            Cando aló polo ano 1971 o Fernando-Dióxenes e máis un servidor de vostedes, traballando conxuntamente, pubricamos no PROGRESO unha restra de contos e lendas da Terra Chá, houbo xente que dixo que non había tales lendas, que todo aquelo non era máis que enventos, trapalladas, maxinaciós do García Mato, que son eu. Non é certo iso, pois aínda deixamos algunhos contos e algunhas lendas gardadas na faltriqueira que teño eu pendurada dun cravo, tras do puxigo da miña casa, e iso fixémolo pra non dar máis que falar e tamén pra que a andaina non se fixera moi longa. De outras lendas, coma que ides ler hoxe, non se soupo deica moito máis tarde, é decir, non soupemos delas nin o Fernando-Dióxenes nin un servidor de vostedes, que si non, polas canas que peiteo, xa vola tiña contado, non que logo, pois como hai Deus que ista lenda é das máis belidas que conozco.

O caso é que, correndo o ano 1972, alá polo mes de Maio, que na miña terra chámase Mes das Frores, o Dr. Xosé Ramil Soneira, que anda sempre atafegado pescudando coios e olas e coitelos prehistóricos –unha teima coma outra calquera– díxome que íl, no curso das súas investigaciós arquelóxicas –¡hay que ver canto sabe o Dr. Ramil!– descobrira unha lenda moi fermosa e tal que nin feita de encarga pra engadir as que eu xa sabía e contouma e inda fixo máis, pois levoume no seu “auto”, un día pola mañá que mesmo arrecendía o ar  a fror de toxo e de xesta e os cómaros das hortas e as pradellas amosábanse cubertos de margaridas que mismiño daba xenio velos. Levoume, digo, o sitio onde inda hoxe poden verse a capeliña –un rochiño vello– de onde fuxía o santo tódalas noites e a nova ermida, moito meirande, pra onde o levaron despois, visto o visto e gracias a un devoto de San Culasiño que viña polo mar e... Pro non adiantemos os acontecementos e primeiro imos tomar outro cafeíño, pois pra algo é Día de San Ramón Grande, e se cadra outra copiña de coñá pra que cozan ben no bandullo o cabrito e o roscón.
E agora, que xa estamos dispostos a escoitar o que sexa e chegou a hora dos contos, como é costume despois de xantar o Día de San Ramón en Villalba, imos logo contar a LENDA DO SANTO QUE FUXÍA DA CAPELA.

Fai moitos anos –cando se fala de lendas sempre fai moitos anos– no lugar que chamaban Da Hermida, que é propiedade do señor Manoel Comba Ferreiro, pois quedoulle en herdanza de seu pai, que llo comprara ós de Candamil, de Villalba, lugar que está no barrio de Penadrade, na parroquia da Torre, pertiño da de San Xoan de Alba –as duas do Axuntamento de Villalba e, coma quen dí, mesmo a carón da vila– había  unha capeliña –o rocho do que xa vos falei– adicada a San Nicolás. Pódese chegar a ela rubindo por un camiño ou corredoira que hai á mau xorda, indo pola estrada de Villalba prá Cruña, e seguindo ese camiño –moi costento– chégase nunha carreiriña de can ó cume de outeiro, rematado por un outo penedo, onde está a que un día foi ermida ou capela nova e que agora xa non é tampouco máis que unha ruíña no curuto do que chaman os vecinos do lugar Monte da Hermida –xa sabedes, e se non o sabedes dígovolo eu, que en galego pódese decir, ou sexa escribir, Hermida, co hache, ou ermida, sin él.
Asegún di a lenda, San Culasiño non se atopaba moi conforme na capeliña vella e ó pechá-la noite fuxía dela pró outo do penedo a onde tiñan que ir a buscalo os seus devotos tódolos días pola mañá pra volvelo a poñer no seu sitio –no seu sitio según eles, pois o santiño non cadraba de acordo, polo que imos vendo–, e así un día e outro día, ano tras ano, San Culás a fuxir de noite pró penedo e os peisanos a voltar a traguelo pró rocho. Non había maneira. O santo teimaba en fuxir cada noite i os devotos en pechalo na capeliña cada mañá e nin un nin os outros, como bos galegos, se daban por vencidos hastra que...
...Aconteceu, pasado xa moito tempo desque viña pasando o que remato de contar, que viña un emigrante, natural da parroquia da Torre, de volta prá súa terra –en barco, pois daquela aínda non se enventaran os aviós– e o tal home era moi devotiño de San Culás e traguía o peto cheíño a reventar de pesos de prata, o que se di o peto quente. De súpeto, aló no medio do mar fero que chaman Oucéano Atlántico estalou unha tempestade que poñía medo ó máis ousado. O emigrante, vendo que o barco bailaba coma unha casa de noz sobor das témeras ondas, coidou non saír vivo daquela aventura i entón, morto de medo, axionllóuse na cuberta do barco e lembrándose de San Culás, do San Culasiño que se vía na obriga de vivir nun rochiño vello, fíxolle a promesa –se o sacaba co ben do risco mortal que corría– de facer erguerlle unha hermida nova no outo do penedo pra onde fuxía o santo tódalas noites. Así foi. O noso emigrante saleu vivo, gracias a San Culás, naquela perigosa ocasión e chegado á sua parroquia que xa sabemos que era a Torre, perto de Villalba, mandou facer esa capela que aínda hoxe, anque esteña feita unha ruíña, pode verse no curuto do penedo que remata o outeiro coñecido polo nome de Monte da Hermida. Levaron a San Culás prá nova capela e dende aquela nunca máis o santo voltou fuxir pra ningures. Eu coido que o que a San Culasiño bendito lle pasaba é que dende o rocho, que fica moi baixo, non podía ollar a chaira e por eso fuxía pró penedo dende onde pode verse unha paisaxe fermosísima que se perde ó lonxe nun ceo que, tamén, semella infindo coma Terra Chá.
Esta é, meus amigos, a LENDA DO SANTO QUE FUXÍA DA CAPELA. Pro o sitio onde se atopa a hermida nova amosa aínda máis interés porque ó redor do penedo onde se ergue a capela do santo, o Dr. Ramil atopou restos que veñen de antergos tempos de celtas e romanos –eu mesmo, tiven nas maus anaquiños de barro, unhos millor e outros pior cocidos, que son restos de pezas cerámicas probabremente romanas– e o amigo Ramil chamoume á atención sobor de enterramentos feitos entre as grandes penas tapadas por unha falsa bóveda que íl di son “de tradición megalítica” e de outros enterramentos máis pequenos e coviñas e faloume de achádegos de olas decoradas con cordos ou pequenos pezos que, polo tipo de barro –asegún o Dr. Ramil– cocido ó ar e feitos a mau, semellan en todo ás olas “castrexas”. E fíxate, dixo o amigo Ramil, neses enterramentos “en cistas de muro gálico e nas tégulas que falan de romanización. Polo camiño, xa de volta, eu viña escoitando asorado as cousas que Ramil me decía e pensaba pra min: Pra que logo digan que a Terra Chá non ten lendas e que nas terras de Villalba non hai abondo que ver.