De los castros al castillo


“Cubierta de tinieblas como toda remota antigüedad, se presenta a los ojos del historiador el período de nuestra población”. Con este párrafo desesperanzado inicia Murguía la segunda parte del discurso preliminar a su Historia de Galicia. La tiniebla de los siglos oscuros... Tal es la primera de las enormes dificultades –que serán muchas y en muchos casos insalvables- con que el cronista, servidor de usted, ha de encararse ya al comenzar lo que, por imperativos de tiempo y espacio, solamente puede consistir en una escueta, breve, concisa exposición –en la que necesariamente han de intercalarse grandes saltos mortales en el vacío- de lo que fue el pasado remoto villalbés, de lo que ha sido nuestro pasado próximo, de aquello que constituye nuestro presente y de lo que idealmente debe ser el futuro de Villalba, Con todo, el cronista, que en cuanto se refiere a temas villalbeses le echa al asunto paciencia, valor y hasta resignación por no poder decir cuanto sabe, confía en poder aportar datos, en unos casos olvidados y en otros desconocidos, que puedan servir un día como ayuda a aquellos que traten de estructurar esa Historia de Villalba que está por construir.
            Que las tierras de Villalba estuvieron habitadas desde los más remotos tiempos, lo que quiere decir que ya entonces eran ubérrimas y por lo tanto deseables, está fuera de toda duda. Ello se prueba por la existencia de monumentos megalíticos, mámoas, castros y vestigios diversos, procedentes de lejanas edades, de los que Manuel Mato Vizoso –el primero y el único de nuestros historiadores- ha dejado descripción y noticia en variadas publicaciones –“La Voz de Galicia”. “La Idea Moderna”, “El Noroeste”. “El Eco de Villalba”- y numerosos manuscritos todavía por desgracia inéditos. Tales son, por vía de ejemplo, la “Peña Abalada”, o piedra oscilante que existió en la parroquia de Samarugo y que él visitó en 1889; el “Menhir”, existente en la misma parroquia, que estaba situado “a unos veinte pasos –dice Manuel Mato- de la Peña Abalada”; el “Dolmen”, también de Samarugo, que era conocido en el país con el nombre de “Iglesia dos Mouros”, ubicado en el monte llamado do Salgueiriño, cerca del lugar de Bacariza; el “Forno dos Mouros”, que apareció enterrado en el castro de Goiriz –a 5 kilómetros de Villalba- y que consistía, según el mismo Mato Vizoso “en un gran chanto de granito colocado horizontalmente sobre otros dos verticales en el que se conocía que se le hacía fuego por debajo...”. En ese mismo castro de Goiriz –sigue diciendo Manuel Mato- “Se encontró una pequeña barrita de oro, del grueso y figura de un cordón, que vendieron por doscientos reales en una platería de Lugo”. Y en otro lugar del mismo castro, “se encontraron dos o tres molinos de mano, de los cuáles hemos visto la pieza inferior de uno, cuyo diámetro es de cuarenta centímetros y por ella se deduce el resto del mecanismo consistente en una pieza de granito convexa por la parte superior en cuyo centro tiene un agujero de poca profundidad –6 centímetros- y tres centímetros de diámetro, destinado a colocar un eje de madera en el cuál debía girar la pieza superior que debería moverse a medio de una pequeña palanca. De estos dos aparatos se desprende la rudimentaria fabricación del pan que consumían los habitantes de dicho castro; es decir, que molido el grano por este trabajoso sistema era después cocido el pan sobre una losa caliente, lo cual demuestra la mucha antigüedad de esa fortificación cuando podían fácilmente utilizar la fuerza hidráulica para sus artefactos en punto abundante en aguas”. También por Manuel Mato sabemos que “al rebajar el terreno en el castro de San Salvador de Lanzós se encontraron más de doce hogares, compuestos de dos losas, una inclinada sobre la otra, de unos ochenta centímetros de altura, ennegrecidas por el fuego por su interior: formaban línea alrededor del parapeto y dicha parte interior miraba hacia el norte”. Igualmente se encontraron en dicho castro “una especie de ollas de barro de muy tosca fabricación. Fue esto en febrero de 1893”.
            En el año 1896, visita Manuel Mato el castro de Carballido y nos dice que allí “se encontraron algunos molinos de granito –como en el de Goiriz-, que no llegan a 40 centímetros de diámetro”.
            Aún nos da más noticias nuestro infatigable arqueólogo haciéndonos saber que, entre 1870 y 1896, visitó cincuenta y tres castros, todos sin salir de los términos del partido judicial de Villalba y veintisiete de ellos dentro de los límites de nuestro término municipal.
            En cuanto a las “Mámoas” se refiere, Manuel Mato nos dejó noticias de que eran abundantísimas en los alrededores de Villalba y así, por ejemplo, nos dice que existían varias en la parroquia de Carballido monte Castelos; en la de Codesido, lugar de Buxibao; en la de Belesar, lugar de Abadoira; en la de Lanzós y Villapedre; en la de Nete, lugar de Candedo –seis mámoas, en la situación de Porto de Bois; y en la de Román, todas ellas pertenecientes al Ayuntamiento villalbés. De las que actualmente se conservan puede darnos exacta descripción el doctor Ramil Soneira, que sigue las huellas de Mato Vizoso.
            Por lo que al castro de Villalba se refiere afirma Manuel Mato que ya a fines del siglo pasado “quedan muy pocos vestigios de este castro cuya figura y colocación parece haber sido igual a las del de Sancobad. Estaba situado en el lugar llamado “Dos Castros” –actualmente sigue recibiendo ese nombre y corresponde a la situación del cementerio de nuestra villa-, en el punto más elevado de la colina en cuya vertiente occidental está situada esta villa; sin embargo su situación es en terreno llano, por hallarse en la planicie que forma dicha colina”.
            Para que el lector tenga una idea de la forma del castro de Villalba, conviene decir que Mato Vizoso afirma que el castro de Sancobad “está situado a poca distancia al S.E. del río Escourido y próximo a los lugares del Malvecín y del castro. Su forma es cuadrada con esquinas redondeadas que miran a los cuatro puntos cardinales. El parapeto que se conserva tiene por algún lado de 5 a 6 metros de elevación y su circundo no excede de 240 metros por el lado exterior”.
            En cuanto a los primitivos pobladores de las tierras de Villalba de los que se ha logrado tener noticias –además de los “Namarinos”- trata de demostrar Mato Vizoso que fueron los “Egobarros” y ello basándose en topónimos tales como “Egolariz”, en la parroquia de Cuesta; “Aguiero o Egueiro”, en la de Mourence; “Egoalonga”, cadena de montañas que toca en las parroquias de Lanzós, Santaballa, Candamil y Lousada y “Egohía o Castelo de Gois”, en Lousada, alegando que todos ellos hacen referencia a lugar elevado y afirmando que “es innegable que dichas voces no proceden del latín y todo induce a pensar que en el antiguo idioma céltico de Galicia expresaban la noción o concepto que suponemos”.
            Después de los celtas, a los que podemos suponer establecidos en las villalbesas tierras entre los siglos VI y V antes de Cristo, y que eran valerosos y bien armados guerreros, estupendos metalúrgicos y excelentes agricultores y ganaderos –por lo que no extraña su prolongado asentamiento en las tierras de Villalba ni la abundancia de huellas que nos legaron,dadas las excelencias de nuestro suelo y subsuelo para el desarrollo de sus actividades- advienen siglos oscuros sobre los que el cronista nada se atreve a decir. Tratar de probar –lo que no han podido hacer estudiosos- que aquí vivieron o por aquí pasaron semitas, fenicios, griegos y cartagineses, sería mera hipótesis, pura elucubración, fantasía y, en todo caso, tarea superior a los conocimientos que el que suscribe posee.
            Que nuestra romanización fue completa –ahí está Lucus Augusti- está fuera de toda duda sin tener que recurrir a la cita de hallazgos de monedas, restos de caminos, villares, puentes, etc. También parece estarlo que fue chairego –y por chairego en cierto modo villalbés- Teodosio I el Magno. Después llegaron los suevos...Y con ellos, reinando Teodomiro, aparece ya Villalba en los documentos –a raíz de un Concilio celebrado en Lugo- como perteneciente al Condado de Montenegro y con el nombre de Santa María de Montenegro y más tarde con el de Villalba de Montenegro. Por fin –en 1820- se nombra a nuestra villa simplemente “Uila Alúa”, es decir, Villalba a secas, como hoy. Pero de esto ya el cronista dejó dicho en los trabajos que publicó el año pasado en EL PROGRESO, más o menos por estas fechas. Lo que no dijo fue que la antigua iglesia de Santa María de Montenegro fue demolida en el año 1867 para construir en su lugar el nuevo templo actual cuya terminación tuvo lugar en 1893. Por eso, en cuanto se refiere a Santa María de Montenegro, de cuyo templo primitivo aún se habla en escritura del año 1128 mencionada en el Ap. 21 del Tomo XVIII de la España Sagrada, remito al lector a los citados trabajos anunciándoles que en el próximo trabajo entraremos directamente en el castillo de Villalba y caminaremos por el tiempo desde el castillo a la primavera de Cádiz.

Limiar



Por XOSE LUIS GARCIA MATO

"Ditosos os que teñen un Xardín"
           Bertol Brech (Unha voce)



Dende o ano mil novecentos sesenta e un vense celebrando na "churrusqueira vila de Villalba" -que dixo Lence ­Santar- unhe festa moi simpatica e moi coñecida non soio en toda Galiza senón.tamén no resto de Hespaña. Isa festa leva  o nome de DlA DOS PEPES e faise na fermosa VILA BRANCA –Villalba da Terra Chá- pra honrar a San Xosé.
Celébrase no mes de marzal, como é lóxico, cando os paxariños andan cismando en casar i o cuco, chegando de non sei onde, osmando a primeveira,anda a cucar pola chaira largacía, pola miña Terra Chá longa e senlleira. Celébrase sempre, o sábado anterior a propia festividade do Santo pra que teñan tempo os Pepes asistentes que son moitos -máis de cento e medio case sempre- a dixerir a cea i a queimada que lle pon remate á festa mentras se canta aquelo de "¡Ai Pepiño adiósl". co desexo de vivir todos un ano máis pra voltar a xuntarse ó redor dunhas longas táboas,  nun amplo comedor,  despois de sair da Misa Sole­ne na que ten lugar a Ofrenda a San Xosé que cada ano fai un Pepe distinto e, dende logo, dlferente. Compre decir eiqui que a ista fermosa festa non poden asistir nada máis que Pepes e coa particularidade de que todos eles teñen que levar o nome de Xosé ó primeiro. Non val, por exemplo, chamarse Antón Xosé pra poder asistir á cea dos Pepes villalbeses anque sí poden asistir, como eisi o fan,  Pepes madrileños, ou asturianos. ou ferrolanos ou pontevedreses, poño tamén por exemplo.
O Día dos Pepes -supoño que xa se decataría o lector­-  é unha festa enventada non fai moitos anos, como xa sa­bemos. Enventóuna un Pepe villalbés -o Pepe Apenela­ que é un argalleiro e ten moita chispa pra esas cousas.
Ó primeiro non consistía máis que na Misa Solene coa co­rrespondente Ofrenda a San Xosé e na cea da que xa deixo dito, pro fai dous anos xa houbo algo máis: unha Exposición de Pintura, que tamén se celebróu este ano. Non fará falla decir que os pintores que expuñeron chamábanse todos Xosé e que non pode ser doutra maneira. Se tí non te cha­mas Xosé -de primeiro nome, repito- nin podes cear, nin expoñer cadros nin outra cousa. Se tí non te chamas Xosé non és ninguén en Villalba o Día dos Pepes. X-ó sabes, de xeito que non veñas con díxome díxome..., pregos, nin re­comendaciós -xa houbo algunhos que viñeron con seme­lIantes andrómenas- porque non che valerán de nada.
Todo canto remato de escribir ven a conto porque co tempo as cousas foron millorando no que á festa dos Pepes se refire e este ano acordóuse que, pra honrá-la memoria dos Pepes distintos mortos, se celebrase un homenaxe a un deles cada ano. Como era natural e lóxico -non podía ser doutra maneira-, este ano o homenaxe dos Pepes vi­lIalbeses foi adicado ó noso crego-poeta don Xosé María Chao Ledo por ser este -tal escribéu cheo de razón Ma­nuel María- "o primeiro poeta da Terra Chá". Esto en canto ó tempo se refire, pois non hai que tencionar facer de Chao Ledo o meirande poeta chairego, porque iso non é certo, inda que ó meu entender e ó de algunhos máis, é un dos bos poetas que agromaron nesta Terra Chá "longa e tristenta", en verbas de Anxel Fole, ese mestre das nosas letras.
O devandito homenaxe ó poeta Chao Ledo celebróuse o día catorce de marzal deste ano 1975 e tivo lugar no Salón de Actos da Casa Sindical de Villalba. Consistéu nun recital dos poemas galegos do noso  crego-poeta e nunha lembranza -no meu caso relembranza, pois recaéu en min isa laboura- da vida e da obra do Pepe poeta villalbés. Naquela xeira propuxen que se reeditaran os poemas do chairego i enxebre Chao Ledo por pensar -dixen- que era esa a millor maneira de homenaxealo e honralo e ta­mén o único xeito de arrincalo do esquecemento no que se atopaba envolto. O mesmo propuxen na cea, diante de cento cincoenta Pepes, proposta que foi acollida e apoiada apaixoadamente, polo poeta mariñán Xosé María Pérez Pa­rallé. Despois...
...Despois foi correndo o tempo coma un lóstrego e as cousas ficaron eisi até que Xosé Pena Trinquete falóu coa xente de EDICIÓS DO CASTRO, que fixo seus os nosos anceios, e por iso é que a esa xente boa e xenerosa debe­mos nós -a Vila Branca en xeral i os Pepes villalbeses en particular- a reedición destes poemas galegos do primei­ro poeta, no tempo, chairego e villalbés; a pubricación des­te libriño doce e sinxelo que coido é importante principal­mente prás letras villalbesas e luguesas e, xa que logo -óusome a decilo- tamén prás letras galegas tendo en conta, como eu digo sempre en ocasiós semellantes, a "relatividade da importancia". Digo que a edición deste libriño débeselle á xente de EDICIÓS DO CASTRO porque foi ela a que se ofrecéu sinceiramente, sinxelamente, aber­tamente a Pena Trinquete pra que nós -os Pepes de Vi­llalba- non tiveramos que loitar por riba das nosas forzas pra acadar os cartos percisos pois eles, tódolos que labou­ran nas EDICIÓS DO CASTRO saben moi ben que nestes casos, e máis cando se trata de poetas, ninguén se presta de moi boa gana a adiantar unhas poucas pesetas que, nem­bargantes, homes e mulleres gastan ledamente nunhas cun­cas de viño. Esto é triste reconocelo, pro é certo e non está de máis decilo eiqui, non coma un aldraxe -tamén é bon beber cunquiñas de ribeiro cando cadra i o corpo o pide- senón pra que se tome concencia de que non hai que esquencer a Deus polo César, valla a comparanza. Quede pois moi craro o noso fondo e longo agradece­mento á xente de EDICIÓS DO CASTRO e imos de contado falar da intención que nos guióu a pubricar esta segunda edición dos poemas galegos orixinales do primeiro poeta chairego e villalbés.
A intención, ou millor dito intenciós que nos aguilloaron a reeditar a Chao Ledo non foron outras que as que figuran xa no PROLOGO A PRIMEIRA EDICION -escrito por meu pai, Antonio García Hermida, no ano 1930-, que vai des­pois deste LIMIAR e que paso a reflexar nos catro apartados seguintes ós que teño que engadir outro, pola miña conta, que non figura no devandito PROLOGO, pro que de ningunha maneira podo silenciar nin acouchar no tinteiro porque é de xusticia facer presente tamén o reconocemento ós emi­grantes galegos que, dende sempre, foron os primeiros e moitas vegadas os únicos que se preocuparon polo desen­rolo i engrandecemento da Galiza en tódolos órdes, o mes­mo que nos materiaes que nos espritoales, e a proba té­mola -podería lembrar moitas máis- na primeira edición das POESIAS... de Chao Ledo e aínda nesta reedición, posto que algús dos que labouran nas EDICIÓS DO CASTRO fo­ron tamén emigrantes e saben moi ben o que eso supón e da longa, teimosa e trascendental tarefa que a GALIZA EMIGRANTE levóu e leva a cabo a prol do rexurdimento da NOSA TERRA. Seguindo esa liña endexamáis louvada como é debido, unha vez máis, pódese berrar moi outo que a GALIZA EMIGRANTE pon a primeira e a derradeira pedra dunha obra que sin ela non podería facerse. Que Deus lle lo pague a todos.
Vexamos, logo, os fís que tencionamos acadar con esta reedición dos poemas galegos de Xosé María Chao Ledo:

a) Honrar a un fillo esgrevio de Villalba.
b) Axudar ó rexurdimento da persoalidade rexional.
c) Soster os lazos que nos xunguen á Terra Nai.
d) Poñer o noso grao de millo prá conservación, espa­llamento e perpetuación do IDIOMA GALEGO.
e) Agradecer á GALIZA EMIGRANTE canto fixo e ven facendo pola terra que lle deu o ser, xa que non son moitas as ocasiós nas que este feito é nidiamente recoñecido.

Dito eso, compre falar un pouco da persoalidade e da obra de don Xosé María Chao Ledo, inda que moito, case todo, xa esteña dito no PROLOGO, de Garcia Hermida, e nas NOTAS BIOGRAFICAS DE DON JOSE MARIA CHAO LEDO, coas que don Eduardo Lence-Santar e Guitián puxo remate as POESIAS do noso crego-poeta que foron edita­das polo CENTRO VILLALBES de Buenos Aires -Imprenta La Iberia- o ano 1930 e chimpadas á rúa no ano 1931 cun­ha DEDICATORIA en castelán firmada por José Vázquez -Presidente- e Inocencio Garcia -Secretario-, datada no mes de setembro do citado ano 1930, pola que nos fan saber, ademáis de que o libro se pubrica ".. .para bien de nuestro Centro y aporte a la literatura regional y a la Academia Gallega de la que también solicitamos su vere­dicto" que, tal como di unha NOTA ó rematá-la DEDICATO­RIA: "El producto de la venta de este libro será destinado al Hospital Asilo de Villalba". Eis un exemplo máis que nos dan os emigrantes ós que, ficando na terra natal, pouco ou ren facemos por ela. Dó "veredicto" nunca máis se soupo ou, polo menos, non soupen eu. Mágoa...
Despois da DEDICATORIA citada, inda atopamos na primeira edición das POESIAS de Chao Ledo un ANTE PROLO­GO que firma o emigrante Ramiro Díaz Verdes, quen da­quela era direutor do periódico EL VILLALBES que se viña pubricando o cuarto domingo de cada mes dende 1928 como "Publicación Oficial del Centro Villalbés de Buenos Aires", na devandita cibdade. O mesmo Diaz Verdes dinos tamén nese ANTE PROLOGO que a edición faise, ademáis de pra dar a coñecer a Chao Ledo, "para bien de Galicia y de nuestro partido Judicial de Villalba, lo que quiere decir que la obra del Centro Villalbés de Buenos Aires, no se limita a efectos líricos sino que ejecuta con afán desmedido,obras prácticas y de interés para todos los villalbeses en general".
Visto eso, podemos doadamente decatarnos da postura exemplar dos homes que, na emigración, loitando feramen­te coa vida e pola vida, non lle quitan ollo a Galiza e preocúpanse fondamente -con razón din "con afán desme­dido"- de apulala pra riba non só no orde material senón tamén no espritoal teimando en desenrolar a un tempo, por unha banda a cultura -inda hoxe un luxo prá maor parte dos paisanos galegos- e por outra o que axeitadamente chama Díaz Verdes "obras prácticas". Do reconocemento deses feitos e do agradecemento que eles despertan no meu corazón ven o que poña eiquí os nomes e apelidos, únicos que conozo, dos homes que fixeron posibre a pu­bricación da obra de Chao Ledo tencionando ó mesmo tem­po axudar "prácticamente" ó Hospital Asilo que, aínda hoxe ven funcionando en Villalba -e moi ben, por certo-; reco­nocemento e agradecemento que a traveso destas liñas e acoutados neses tres nomes estendo a tódolos emigran­tes galegos de tódolos tempos, o mesmo ós de onte que ós de hoxe coa espranza i arela fondas de que mañá non teña razón de ser esa GALIZA EMIGRANTE que é tanto coma decir GALIZA DOENTE, GALIZA FERIDA, GALIZA MAGOADA.
Posto a louvar a un poeta villalbés outro villalbés que, inda que seña dos pequenos tamén é poeta i escritor, po­derían pensar os lectores que o fai infruido pola paixón. Pra arredar ese pensamento suposto das mentes de cantos lean estas liñas vou trascribir os xuicios que a obra do noso poeta lles merecéu a tres intelectuaes ben coñecidos na rexión galega e dinos, xa que logo, de creto.
Dinos don Xosé Trapero Pardo -revista LUCUS. mes de Nadal do ano 1960-: "Nombres de hoy que se unen a los de ayer, algunos tan injustamente preteridos en las antolo­gías literarias como el de Chao Ledo, que supo captar el espíritu y el lenguaje del pueblo en composiciones que aún tienen hoy un vigor y frescura como en el tiempo en que fueron escritas." Eis o xuicio de Trapero Pardo, escritor non villalbés do que non é posibre pensar que faga louvan­zas infruido pola paix6n.
Pra Carballo Calero -alleo tamén a VillaIba- "Chao Ledo era un verdadeiro poeta popular, que soupo se espre­sar nun galego enxebre, non só polo lésico, senón tamén pola sintase e o estilo. E de louvar nil a naturalidade con que emprega os diminutivos."
Que Chao Ledo foi "un verdadeiro poeta popular" non hai dúbida ningunha. Moitas das súas composici6s foron escritas pra seren recitadas diante dun púbrico numeroso en VELADAS que se facían en Mondoñedo -vivindo aínda o poeta- e, despois de morto éste, noutras que tiveron lugar en Villalba pra honrá-la memoria do vate.
 Algunhas desas VELADAS villalbesas fixeronse pra lembrar conxun­tamente a Chao Ledo i a Manuel Mato, recitando versos dos dous poetas finados, o primeiro en 1894 i o segundo en 1909.
Acerta Carballo Calero -e non sabe canto- ó decir que Chao Ledo era un poeta popular porque, si ser popular un poeta consiste máis que nada en que os seu s versos anden nos beizos da xente cando xa se esquencéu o nome do autor, deses foi e sigueo sendo o poeta de quen falamos. Pra probalo vou contar o que pasou un día nun bar de Villalba o sacar eu a conto unhos versos do CUADRO MON­TAÑES orixinales do noso poeta. Falaba eu co meu amigo Botes, que é de Foz, e como nos atopábamos no bar, dispostos a beber unhas cunquiñas de viño, ocurréuseme recitar aquelo de:


Icha vino, tabernera,
  Icha vino desa cuba...

E nesto vai o Botes e siguéu:


Quel dinero de la Bana
     Mucho viene y poco dura.
Villalba, tus taberneras
            Son mujeres que lo entienden.
        Dan tripas por gallo muerto
    y por vino xurro vienden.



Eu fiquéi estantio, aleuto, pampo. asorado, escoitando nos beizos do Botes versos do meu ademirado Chao Ledo e, cando acabóu, díxenlle:
-¿E logo cómo sabes ti eses versos de Chao Ledo?
I él respostóu:
-Aprendéumos miña aboa cando eu era cativo, pro non sabía de quén eran.
            ¿Hai proba millor que isa de que Chao Ledo foi e si­gue sendo un poeta "verdadeiramente popular"?
Manuel María foi, deica agora, quen millor estudióu ós poetas chairegos e, como é natural, como é de caixón. entre eles non podía faltar Chao Ledo. De canto o poeta de Outeiro do Rei escribéu encol dos poemas do crego­poeta villalbés vou aproveitar aquelo que máis dreitamente tende a enxuiciar dende un ponto de vista crítico a poesía de Chao Ledo. Escribe Manuel María:
        
              "Os poemas galegos do crego villalbés que chegaron deica nós son dez en total". Eiquí debo correxir un pequeno erro do Cantor da Terra Chá, pois non son dez senón oito, somentes oito. os que figuran no libro do que xa falamos e coido que ninguén atopóu máis aínda, sin que eso queira decir que non podan atoparse porque xa é sabido que a obra de Chao Ledo anda espallada por pubricaciós periódi­cas do seu tempo que non é doado conseguir. Pro sigamos co que Manuel María escribe:
"Hai poemas de diferentes tipos e temas. Neles pode­mos sentir a presencia da Terra Chá que está vivida, can­tada e descrita poéticamente. En toda a obra galega de Chao Ledo o xeito de falar dos chairegos está axeitada­mente recollido, particularidade xa señalada por Lence-San­tar..."
"A poesía de Chao Ledo -sigue escribindo Manuel María- é moi sinxela. tanto na forma como no tema. Al­gunhos dos seus poemas como "A Noiteboa de 1871 can­tada por un peilao", sigue a tradición mindoniense dos poetas cantores de Nadal: Antonio María de Castro, Luis Corral, Xacinto Romualdo López... Sabemos ademáis que este poema foi composto pra lér púbricamente na xuntanza de "la Juventud Católica", de Mondoñedo no ano 1871, á que concurríu moitísimo púbrico, que apraudíu con entu­siasmo os versos de Chao Ledo. Neste poema desenrólase un cadro costumista, con antecedentes na poesía galega en Rosalía, Añón, Curros, Lamas Carvajal, entre outros. Os labregos están ben tratados literariamente e falan con pro­piedade."
E máis adiante -no mesmo traballo que trata de Chao Ledo- escríbe Manuel María: "A Terra Chá foi cantada por Chao Ledo con fondísimo sentimento. Coidamos siñificativo que o libro do poeta villalbés se abra co poema "A Rome­ría". Esta romería é a de Tardade, pobiño que está situado a pouco máís dunha légoa de Villalba, bañado polo río Trimaz.
O cantar a Tardade -ou Tardá como dín os paisanos­- canta a toda a Terra Chá. A unha terra trasfigurada polo poder e pola maxia da poesía. Unha terra na que asubía a laberca e onde os montes, na ollada do poeta, son xardís. Tamén canta ós soutos, as carballeiras, as veigas. E coa descrición da terra mistura os seus propios sentementos. O poeta crego estivera exercendo o seu ministerio en te­rra de Santa Marta de Ortigueira. E volta a Tardade doente, con lembranzas, aínda recentes, da Mariña." Tamén eiquí se trabuca Manuel María posto que un servidor de voste­des, como pode verse na "Bibliografía e notas..." que van ó remate deste libriño, puido descobrir que o poema "A Romería" foi escrito no ano 1880 e xa sabemos. por Lence­Santar, que Chao Ledo non foi prás terras de Ortigueira deica 1893 de onde voltóu a Villalba, esmorecendo, pra morrer o día nove do mes da Sega do ano 1894. Tamén é certo que Manuel María non tiña por qué coñecer ese dato que eu puiden atopar ó longo das miñas investigaciós encol da vida e da obra do primeiro poeta villalbés. Pro sigamos ainda un pouco, con Manuel Maria, pois ten moito intrés o que dí pra rematar o seu traballo sobor de Chao Ledo. Sigamos lendo, unhos intres máis, ó Cantor da Terra Chá:
"O poema titulado "A volta da primaveira", que o mes­mo poeta califica de "Imitación de Ovidio", é o poema máis chairego de Chao Ledo e, sin dúbida, un dos máis logrados. A Terra Chá está descrita no esencial:

o noso labrego sorrindo ademira
    os agros inmensos que veñen e van
           os agros inmensos que chucha Favonio;
          os agros inmensos i as combas que fan.


O verso "os agros inmensos que veñen e van" repítese ó remate do poema. É, precisamente, o verso que pecha o poema. Esta sensación de inmensidade que nos da a Terra Chá está recalcada polo poeta. A inmensidade é a primeira e máis fonda impresión que produce a Terra Chá en quen a contempra e que tan ben describe Chao Ledo. E tamén a impresión de monotonia, de cousa igual, espre­sada axeitadamente, na reiteración ó longo de varios versos da frase "os agros inmensos". O verso "os agros inmensos que veñen e van" da, dun xeito perfeito, a sensación que en nós imprime o vento movendo as estensas centeeiras chairegas.
Polos versos de Chao Ledo a cabra relouca pacendo polas brañas. Os paxaros que enchen de música a Terra Chá i os versos de Chao Ledo son "a doce ruliña", o merlo asubiador, o "cuco traidor". A terra está chea de "roseiras, ourego, perfumes..." A identificación da terra chega ó seu máis outo grado nestes versos:

         Xardís son as veigas i os altos penedos;
xardín delicioso volvéuse o toxal.

E unha pena que a maior parte da obra de Xosé María Chao Ledo se teña perdido ou ande agachada por páxinas de xornás esquencidos, case inacesibles. Cos poemas que del coñecemos, abóndanos pra consideralo como un poeta esencialmente chairego, como un apaixoado cantor da Te­rra Chá. Nos seus poemas andan os nomes de Villalba, Tar­dade, a Virxen de Tardade, o río Trimaz... Chao Ledo era un poeta realista. Pero, ó cantar a Terra Chá, idealiza as cousas i o mundo deica tal estremo que o toxal é "un xardín delicioso".
Coido que canto dí Manuel María sobor dos poemas de Chao Ledo é certo e reflexa moi ben a cras de poeta que foi   -e sigueo sendo, pois vive na súa obra- o poeta villalbés, e penso tamén que abonda cos xuicios expostos por Trapero Pardo, Carballo Calero e o mesmo Manuel María, pra decatarnos de que Chao Ledo non foi un poeta calquera, que non foi un poeta "pequeniño", que non foi un poeta "do montón", senón que é merescente, polos seus méritos, de ocupar un posto máis destacado que o que deica hoxe se lle reconocéu entre os poetas galegos, tendo en conta que un escritor, ou un poeta, non pasa á posteri­dade pola cantidade senón pola calidade da súa obra. En Chao Ledo, é certo, non temos cantidade, pro temos cali­dade abondo pra erguelo a unha maor outura que a que deica agora acadóu. Temos, por exemplo, entre outros, o poema A VOLTA DA PRIMAVEIRA que, cos seus vintecatro versos, Manuel María e un servidor de vostedes conside­ramos verdadeiramente antolóxico e dino de figurar entre os millores poemas galegos de tódolos tempos. E de que Chao Ledo era un bon poeta danos testemuño o feito de que un dos meirandes poetas galegos, Noriega Varela, adi­cóulle, despois de morto o villalbés, o seguinte poema que, inda que esteña escrito en castelán -Noriega tiña esas cousas, e tamén compuxo en lingoa castelá o poema que lle adicóu ó seu grande amigo Antonio García Hermida, no cabodano da morte deste- non me resisto a poñelo eiquí:




RECUERDO AL ESCLARECIDO POETA
DON JOSE MARIA CHAO LEDO

¡Murió Chao y sus glorias
Nadie pregona!
      ¡NI hay quien lleve a su tumba
Verde corona!
¡Las campanas de aldea
Tocan a muerto!
Llegó el sol a su ocaso
con paso incierto.
No trinan en el bosque
los ruiseñores;
El vendaval arrastra
las mustias flores;
Oculta está la luna
tras las montañas;
Lloran los campesinos
en sus cabañas;
Visten sacros altares
negros crespones;
El dolor atormenta
cien corazones.
Los quejumbrosos pinos
gimen su pena
y es teatro Mourence
de triste escena.
Murió Chao y su nombre
llega al olvido.
¡¡Si supiera Galicia
           lo que ha perdidol!
­

A incrusión deste fermoso poema. orixinal do mítico Cantor da Montaña. neste LIMIAR. xustifícase polo que su­pón de reconocemento do valor de Chao Ledo como poeta e da grande perda que supuxo prás letras galegas a súa morte ós cincoenta anos e tamén porque, ó mesmo tempo dase a coñecer púbricamente unha composición poética de Noriega que supoño inédita e, xa que logo, iñorada auso­lutamente na actualidade, posto que aqueles que puideron ter noticia dela coido que a maor parte xa morreron e, si algún deles vive aínda, terala esquecida fai moito tempo porque os anos tampouco respetan a memoria. Eu atopéina, de casualidade, como se fan os grandes achádegos, co­rrendo o mes de marzal deste ano no que vivimos ou, si queredes, imos morrendo, suposto que a vida consiste prin­cipalmente neso, en ir morrendo -"Morrendo a cada intre", que é o tíduo dun fermoso libro de Manuel María- desque un nace morrendo. E atopéina, manuscrita, non do puño e letra de Noriega. pois conozoa moi ben por ter autógrafos dél, nun vello caderno escolar nos que aparecían tamén, escritos á mau cecais por algún dos seus familiares ou parentes, moitos dos poemas de Chao Ledo. Son estas, cousas curiosas que un anceia contar e dar fe delas co fin de que non se perdan pra sempre e podan servir qui­zabes -nunca se sabe o que pode sere aproveitable ou non-, a aqueles que, no porvir, sintan inquedanzas por estas custíós.
Outra cousa que atopéi no curso das miñas investigaciós encol de Chao Ledo, pra documentar os comentarios que tiven que facer -onde hai letras calan barbas- cando fun encarregado polos Pepes villalbeses de falar sobor do noso poeta o día catorce de marzal deste ano, foi o acordo -dato tamén iñorado por todo deus- tomado polo Axuntamento de Villalba pra dar o nome de Chao Ledo a unha das rúas da nosa vila. Tal acordo pode lerse no Libro de Actas co­rrespondente ó ano 1914 do que copiéi o que pró caso compría mentar e que foi o seguinte:
"Sesión ordinaria del día 12 de diciembre de 1914.-En el Salón de sesiones de la Casa Consistorial del Ayunta­miento de Villalba a doce de Diciembre de mil novecientos catorce. Bajo la Presidencia del Señor primer Teniente de Alcalde Don José María Orosa Gómez, por hallarse en uso de licencia el propietario -o propietario, acraro eu, era don Andrés Basanta Olano-, se reunieron los Señores Concejales que al margen se expresan para celebrar la sesión ordinaria de este día...". Eiquí quero poñer os nomes dos concellales que tomaron tal acordo, pra agradecerlles tamén a eles -inda que todos deixaron xa este baixo mundo- no meu propio nome e no de moitos villalbeses que pensan coma min, ese acordo que os honra o mesmo que eles honraron a Chao Ledo e a Villalba ó tomalo. Fo­ron, baixo a presidencia do nomeado don José María Orosa, os seguintes: don Domingo García, don José Canto, don Luis González, don Tomás Cazón, don Manuel García Olano, don Ramón Santomé, don Luis Vázquez-Rua, don José Prieto, don Saturnino Goás e don Ramón Hermida. E na acta co­rrespondente dí eisí: "Los señores Concejales acordaron dar el nombre de Don José Marra Chao Ledo, a la calle que se habra -pon habra,  co hache, tal como o escribo- con motivo de la construcción de la carretera del Estado que de esta Villa conduce a Meira, todo con el fin de perpetuar la memoria de aquel hijo de esta Villa." Sabemos que aque­la Corporación sentía inquedanzas por honrar ós fillos escrarecidos de Villalba, pois ela mesma, unhos meses antes, concretamente o día 21 de setembro do mesmo ano 1914, xa acordara tamén dar o nome de Manuel Mato Vizoso a outra rúa da vila, presidindo naquela xeira a Sesión o al­caide propietario don Andrés Basanta Olano.
Inda que Lence-Santar e Guitián nos dí nas súas NO­TAS BIOGRAFICAS... que "Ninguén conoce a este ilustrado crego e ispirado poeta, agás unhos cantos vellos i outros cantos que van camin da vellés, do bispado de Mondoñedo"
-Lence escribia en 1929- penso é do ano 1908 -ano no que Manuel Mato funda a revista EL ECO DE VILLALBA­ de onde arrincan a preocupación e as inquedanzas por dar a coñecer a Chao Ledo, inda que sexa choutando por riba de longos espacios valeiros; inquedanzas que chegan deica o presente ano 1975, o que proba que o poeta non foi   es­quencido dun xeito ausoluto, como podemos comprobar pola bibliografía que eu puiden manexar e que figura ó re­mate deste libriño, pra que se seipa.
"O cantar do galeguiño é cantar que nunca acaba..." Cecais sexa por eso polo que me saléu tan longo este LIMIAR, pro non quero rematalo sin decir que, pra enxui­ciar a poesía de Chao Ledo hai que poñerse no seu caso,no seu tempo, na carreira que siguéu, na profesión que escolléu "vocacionalmente" e tendo moi en conta a forma­ción que recibéu i o lugar en que lle foi dada, a bisbarra en que nacéu e na que vivéu a maor parte da súa vida, a xente coa que convivéu e a maneira de pensar e de vivir desa xente á que él endexamáis foi alleo e coa que gostaba de parolar, sentado no escano, tras do lume, en calquera cociña de aldea, cecais comendo unhos zonchos ou unhas papas con leite recén muxido dunhas vacas que ollarían ó poeta cunha longa ollada tranquía dende a corte separa­da da cociña por unhas chantas pouco máis outas que un cativo de seis anos. Chao Ledo foi crego porque quixo e non un crego calquera senón un crego villalbés, formóuse en Mondoñedo onde mamóu unha certa tradición poética da que nos fala Manuel María e vivéu nunha terra -a terra villalbesa- i entre unha xente -"A xente da montaña, a xente miña, cara a Dios se encamiña", dixo Noriega­ que inda hoxe pensa e sinte dunha maneira moi personal, moi tradicional e moi mergullada no espritoal. Entón, non pode esixirselle a Chao Ledo -crego villalbés do século pasado- dende a outura do noso tempo, nin siquera pos­tos no tempo que il vivéu, que fixera unha poesia "belixerante", ó xeito de Curros ou de Darío Xohan Cabana -por citar un dos vellos i un dos máis novos poetas galegos "comprometidos"-. Non pode esixirselle eso a Chao Ledo, como semella querer facer o meu querido amigo Xosé Chao Rego -escritor descendente do poeta-crego- ó que dou eiquí as gracias polo EPILOGO que escribéu a reque­rimento dun servidor de vostedes. Nin podemos tampouco acusar a Chao Ledo de "idealizar" as cousas, como parez que fai Manuel María. Chao Ledo, polo que fumos vendo del, era un home moi sinxelo, moi enxebre, moi homilde, moi espritoal, moi tenro, fondamente relixioso, tal e como debe ser un crego, e moi achegado física e intelectualmente á terra que era a súa terra i a xente que era a súa xente. Chao Ledo era, ademáis, coma tódolos villalbeses, moi in­dependente, moi seu, e deso ven o que fixera a poesía que lle petaba, a poesía que sentía, a poesía que vivía, e deso ven tamén o que, pra decir esa poesía, empregara as verbas de uso común, as verbas que empregaban os “pei­laos" pra parolar unhos cos outros, a fala de tódolos días que tódolos días escoitaba nos beizos dos paisanos. Por eso os seus versos están cheos desa sinxeleza, dese en­xebrismo, desa homildade, desa tenrura, desa relixiosidade, desa espritoalidade, dese idealismo, desa independencia que lle son carauterísticas. Chao Ledo levaba na alma un xardín e dese xardín arrincóu esas fermosas froliñas que son os poemas que imos ler e que inda hoxe enchen o ar co seu arrecendo. Eis polo que o autor de HISTORIA DUNHA ROSIÑA volve a nacer pra non morrer endexamáis.




Villalba da Terra Chá 
Outono do 1975

Donde el capón villalbés es el personaje principal



Por José Luis García Mato


8 de San Martiño do 1975




Para la “Gran Enciclopedia Gallega”


EL CAPÓN

CAPÓN: Palabra derivada del griego xancov. La forma latina “capo-onis” es usada por Marcus Valerius Martialis, el célebre poeta nacido en la antigua Bilbilis – cerca de la actual Calatayud – hacia el año 40 de la Era cristiana, mientras que la forma “capus-i”, sinónima, es preferida por el famoso M. Terentius Varro, romano él de nación, que vio la primera luz en la ciudad de Roma el año 116 a.d.c. y fue, según dicen, el más docto y erudito de todos los romanos, habiéndonos legado entre otros escritores el notable libro que tituló DE RE RUSTICA.
            Del francés chapon, castrat, châtré y – para el capón de leche – chapon gras. Del inglés castrated, gelded, capon, Del alemán kastrat, verschnittener. Del italiano cappone. Del portugués capao. Del gallego capon.
            Según el Diccionario editado por la Real Academia Española de la Lengua – Madrid, 1970, decimonovena edición – el vocablo capón se deriva del latín “cappo”, por “capo-onis”, adj. Y nos aclara: “Dícese del hombre y del animal castrado. Aplicado a personas u.t.c. s. // Pollo que se castra cuando es pequeño y se ceba para comerlo// Capón de leche. El cebado en caponera.”
            En el Diccionario de María Moliner –Editorial Gredos S.A., Madrid, 1966 – se nos dice que el capón es un “Pollo cebado al cual se ha castrado para hacer su carne más delicada (n. Y adj.) // Cualquier animal castrado//. Y en la Enciclopedia del Idioma, de Martín Alonso – Aguilar, Madrid, 1.958 -, volvemos a ver esa palabra como procedente del latín “cappo-onis”, adj. –siglo XV al XX-. Y añade: “Dícese del hombre y del animal castrado. Aplicado a personas úsase como sustantivo// Canc. De Baena, pág. 133// Pollo que se castra cuando es pequeño y se ceba para comerlo // Capón de leche. El cebado en caponera. “ Martín Alonso cita, además, tres refranes referentes al capón: A CAPON QUE SE HACE EL GALLO, AZOTALLO.- A QUIEN TE DA EL CAPON DALE LA PIERNA Y EL ALON.- SALIRLE A UNO CAPON EL GALLO. La significación de cada uno de esos refranes es clara: Merece castigo el altanero sin méritos para ello. Hay que ser agradecidos. Resultar fallido un propósito. El primero de los citados refranes es corriente también en idioma gallego: Ó CAPON QUE SE FAI GALO, AZOUTALO.
            Eladio Rodríguez López, en su Diccionario Enciclopédico Gallego-Castellano –Editorial Galaxia, Vigo, 1.958-, entre otras acepciones y aclaraciones sobre el capón, nos hace saber lo siguiente:
            “Capón,dícese del hombre o del animal castrado //            Pollo o gallo que se castra y se ceba para comerlo. En algunas comarcas gallegas se llama también capón al gallo sin castrar // Los capones o gallos cebados suelen ponerse a la venta muertos, desplumados y con la ENSUNLLA o enjundia colocada al exterior entre el obispillo y los muslos, durante los días anteriores a la Nochebuena, pues en Galicia, y sobre todo en las villas y ciudades, es uno de los platos tradicionales el día de Navidad. En esa misma época se exportan de Villalba en grandes cantidades a Madrid y otras poblaciones de fuera de la región.”
            Con Villalba hemos topado, Sancho –podríamos decir parodiando a Don Quijote -. En efecto, hemos tropezado con Villalba a las primeras de cambio porque en modo alguno podría ser de otra manera puesto que, si bien es cierto que, dentro de España. Galicia en general y la provincia de Lugo en particular ceba buenos y abundantes capones en distintas y numerosas comarcas, son los capones villalbeses los que se han hecho famosos y han impuesto su fama – primus inter pares – sobre todos los demás tanto en España como en distintos puntos del extranjero. Los capones villalbeses, acostumbrados desde hace muchas décadas a viajar a Madrid y a Barcelona, hoy, con el desarrollo de la aviación –hasta hace años lo hacían solamente en tren- vuelan con Iberia a Inglaterra, Francia, Bélgica, Alemania...El año pasado, concretamente, se celebró una comida en la Embajada de España en Londres, figurando en el menú, como protagonista principal, el sabroso y lucido capón villalbés que tampoco deja de ser un aceptable y prestigioso embajador de nuestras tierras y de nuestras gentes, haciendo que con su presencia, en muchos hogares de españoles que, forzosamente, han de pasar la Navidad fuera de su país, la felicidad sea más completa o la tristeza menor.
            Del renombre que han alcanzado los capones chairegos y en especial los cebados en parroquias del Ayuntamiento de Villalba, se hace eco clamoroso el gran escritor mindoniense Alvaro Cunqueiro cuando en su libro A COCIÑA GALEGA –Editorial Galaxia, Vigo, 1973 – le dedica nada menos que cinco páginas –116,117,118,119,120- y escribe;entre otras cosas,en el gallego galano que le es caracteristico:
“Falo dos de Villalba, dos capóns das aldeias veciñas, e  da Terra Chá, e ate da Terra de Pallares e de Melide, e da Terra de Miranda. Pro os que agora andan na fala das xentes son os que de Xermade ou de Noche de San Xohán de Alba ou de Goiriz, se xuntan o dazanove de Nadal na feira capoeira de Villalba, ben estribados nas cestas, sober blancos mantéis, ben pelados e limpos, coa enxundía cravada con seis pauiños de abidueira mesmo no bispiño”.
Son villalbesas y por villalbesas chairegas las citadas – por Cunqueiro – parroquias de San Martín de Noche, San Juan de Alba y Santiago de Goiriz, pero olvida el ilustre escritor otras como San Julián de Mourence, Santa María de Gondaisque, San Martín de Codesido, San Cosme de Nete, San Salvador de Ladra, San Martín y San Salvador de Lanzós y San Martín de Distriz, que tienen fama de cebar tan buenos capones como las mencionadas  por Cunqueiro y algunas – Gondaisque y Distriz – aun mejores, sin olvidar la parroquia de Santiago de Sancobad, alguno de cuyos lugareños, aun hoy – lo que ocurre también en la de San Juan de Alba – paga como renta anual ocho hermosos capones “dos marelos”, cebados, como es preceptivo, con “mareliño” maíz.
            Siendo la ceba de capones en Galicia una práctica secular históricamente demostrable a la que no sería aventurado calificar de milenaria, alguna razón especial debe existir para que los capones villalbeses hayan impuesto “su ley”. Y esto no es un hecho infundado, no es “un decir”, sino una realidad, una verdad absoluta, tangible, palpable, incontrovertible y...”comestible”. Esa razón, o, mejor dicho, razones hay que fundarlas sin duda alguna en el  extremo cuidado, casi “mimo”, con que desde su nacimiento en el mes de Abril, ni más ni menos, son atendidos los polluelos meticulosamente seleccionados que siete meses más tarde, por San Martín, en Noviembre ( en el momento en que nuestros campesinos dan comienzo a la matanza de los cerdos – A CADA COCHO CHEGALLE O SEU SAN MARTIÑO – que ha de prolongarse hasta más allá del San Julián, en Enero) han de ser encerrados, enjaulados, recluidos en la “capoeira” para dar principio a la “operación ceba” con el fin de que “engrasen” para poco más de un mes más tarde, en vísperas de Navidad, transformados ya en lo que metafóricamente podemos definir como cachazudos, orondos, soñolientos señorones, puedan ser ritualmente sacrificados – la matanza de capones lo mismo que su ceba sigue normas que en modo alguno deben transgredirse – con objeto de que los días de Navidad – ya lo dice el refrán: POLOS CARNAVALES LACÓN I EN NAVIDADES CAPÓN – sean presentados como delicioso manjar sobre la mesa de centenares de familias – son alrededor de dos mil pares los que se presentan para su venta en la Feira dos Capós de Villalba, sin contar los que se entregan en concepto de renta, los que constituyen objeto de regalo para un amigo o para agradecer un favor y los que se reservan para consumo propio; familias que, a lo largo y a lo ancho de España y en muchas ciudades del extranjero sabrán rendirle los debidos honores, no siendo exagerado suponer que algún par de buenos capones villalbeses viaje a los Estados Unidos y a América Central para allí ser recibido como si de un plenipotenciario ministro se tratase. Hace años es seguro que por Navidad viajaban a La Habana capones villalbeses. Hoy, debido a las circunstancias, no es posible afirmar lo mismo.
            Con objeto de determinar las varias y poderosas razones en que los entendidos se basan para afirmar sin temor a equivocarse que los capones de Villalba son “los mejores del mundo”, vamos a seguir paso a paso el proceso de su ceba, las singulares y antiquísimas normas, el ritual que siguen nuestros cebadores de capones para lograr esas diferencias notables, básicas, fundamentales, que diferencian a un capón villalbés de cualquier otro animal de la misma especie e impiden – por su superior calidad, color, peso y presentación – que pueda ser confundido con cualquier otro capón que, no siéndolo, pretenda por villalbés pasar, caso no infrecuente debido a que esas cualidades diferenciales y determinantes de una raza, crianza y calidad especiales, se pagan, como es natural, a precios mucho más elevados que los que alcanzan capones cebados con métodos distintos a los seguidos por los campesinos villalbeses en otros lugares de la provincia de Lugo en particular y de la región gallega en general, pues decir capón villalbés es decir calidad garantizada. Vamos a ver el por qué.
            Contra lo que pudiera creerse, el cuidado de los capones no comienza en el momento de iniciarse la ceba – por San Martín – sino de una vigilante, extraordinaria, continua solicitud y trato diferencial en relación con los que no han de ser cebados, desde el momento de su nacimiento y constituyen motivo de gran preocupación para sus cuidadores –debe entenderse que hablamos de buenos cuidadores – durante los largos meses que median entre Abril y Noviembre. Hasta el momento de su encierro en la “capoeira” los futuros capones, escogidos entre los mejores ejemplares “marelos” que el campesino tiene en el corral, deben ser preservados en todo instante del frío y de la lluvia y, dentro de la alimentación normal que todas las aves del corral reciben, son ellos, los elegidos, los que reciben un trato preferente para que llegado el tiempo de comenzar la ceba hayan alcanzado el peso ideal que se estima en tres kilogramos, peso que al terminar el periodo de ceba y ser sacrificado el animal, desplumado y vaciado, debe ser igual al que tenía en pluma cuando fue encerrado en la capoeira. Es decir que, por ejemplo, si un pollo pesaba tres kilogramos al iniciar la ceba debe pesar esos tres kilogramos, ni más ni menos, al ser presentado a la venta, porque el fin que se persigue con la ceba no es otro sino que el pollo “engrase” y si ha aumentado de peso significa que en vez de “engrasar” ha crecido, aumentó de tamaño, todo lo contrario al propósito inicial. Y la razón estriba en que la ENSUNLLA, ENSUÑA, ENJUNDIA o grasa del capon debe servir para su condimentación. Será pues una “buena ceba” la que consiga ese propósito de hacer que el capón, una vez vaciado de sus vísceras y desplumado arroje el peso inicial que tenía al ser enjaulado en la capoeira. Naturalmente, hay fallos y se da el caso de capones que al ser presentados a la venta arrojan un peso de cinco a seis kilogramos y aun se conoce el caso de algún  cebador que logró un capón  de más de siete kilogramos, si bien esto no es recomendable en modo alguno ni deseado por parte de los entendidos que saben muy bien que el exceso de peso no mejora en modo alguno la calidad de los capones sino que, por el contrario, les hace perder en “engrase” lo que ganan en tamaño.
            En todo lo que se refiere a la selección de pollos para cebar los buenos cebadores villalbeses son extraordinariamente exigentes y rechazan rotundamente los pollos llamados “blancos”, es decir, procedentes de granjas o alimentados con pienso artificial. Exigen y seleccionan pollos nacidos de huevos de gallinas del país que hayan sido “galeadas”, esto es, cubiertas por gallos también del país y camperos, huevos que hayan sido incubados de modo natural y alimentados con harinas o granos – maíz, trigo, centeno – procedentes de la propia cosecha o, en todo caso, de la comarca o región. Y aún, dentro de los pollos que reúnan esas condiciones, llegada la hora de encerrarlos en la caponera, se eligen cuidadosamente los “pollos marelos”, o sea, aquellos cuyas patas presentan color ostensiblemente amarillento y cuya piel, observada atentamente separando el plumaje, tiene más acusado el referido color.

LA CEBA DEL CAPÓN


            Una vez elegidos definitivamente  uno a uno – selección de los seleccionados, como en fútbol – los pollos destinados a la ceba son encerrados en la capoeira – o capoeiras, según la cantidad de pollo a cebar – que debe estar situada en lugar o local oscuro y templado, permaneciendo así durante el mes largo – unos cuarenta días – que suele durar la ceba. Lo ideal y tradicional, y así se viene haciendo en aquellas casas campesinas en las que todavía no ha desaparecido la cocina de “lareira”, es que las jaulas o capoeiras estén situadas cerca del fuego o lar, de modo que los pollos prisioneros disfruten de una temperatura agradable por su tibieza, lo que les incita a una acusada somnolencia en la que constantemente se ven sumidos tanto a causa de la templada, confortable temperatura ambiente, como del exceso y riqueza calorífica de la “mantenza” o alimentación que reciben en orden a los fines perseguidos. La jaula o capoeira suele ser de reducidas dimensiones tanto en longitud como en altura de forma que los capones encerrados en ella carezcan de toda facilidad de movimientos hasta el punto de que lo normal y “reglamentario” es que se encuentren lo que se dice un tanto “apretados. La oscuridad, exceso de alimentación y quietud permanente, contribuyen decisivamente al deseado “engrase” de los animales.
Para la “mantenza” o alimentación de los capones se hace, en agua previamente hervida, una pasta, masa o “amoado” que en la mayoría de los casos suele ser hecha con harina de maíz “do marelo”, aunque algunos cebadores le añaden o mezclan patata cocida y bien pelada, como si fuera destinada a personas, y, lo mismo que el maíz, la patata debe ser también “marela”, es decir, amarilla. La razón de que los buenos cebadores no empleen maíz ni patata “blancos” es que esa clase de alimentación repercute en la carne y en la piel del animal haciéndole tomar un aspecto desagradable a la vista, lo que no es recomendable por razones crematísticas al ser  la presentación más deficiente, menos atrayente y también porque, ya se sabe, “hai quen come máis cos ollos que coa boca”.
            Alvaro Cunqueiro, en el citado libro A COCIÑA GALEGA, dice que “o millor sería que, coma na Bresse, en Francia, e aquí mesmo, en tempos que foron entrasen tres fariñas, de centeo, de trigo e de castañas”. Lo cierto es que la mayoría de los cebadores de capones villalbeses prefieren hacer la pasta o “amoado” exclusivamente con harina del mencionado “maiz marelo”, sin añadiduras de ninguna clase, y ese maíz, además, no ha de ser transformado en harina fina sino mas bien triturado para que luego, al ser amasado en agua hervida “abra” y, en forma de croqueta de unos cuatro centímetros de longitud por dos de grueso, sirva de alimento al capón. Esa bola o croqueta se moja nuevamente en agua hervida antes de ser introducida en la boca del animal que debe tragarla.  Hay quien la moja en vino blanco, no sirviendo en modo alguno el tinto porque, aunque parezca increíble, da un color amoratado a la piel del capón haciendo desaparecer ese hermoso color amarillento que es una de las principales características de los capones villalbeses. Algunos cebadores, en vez de agua o vino blanco utilizan leche para mojar la “croqueta” en el momento de alimentar al capón.
            Los capones son alimentados dos veces al día solamente, cada doce horas, por la mañana y a la noche, y la persona encargada de cebarlos suele sentarse en el suelo y sobre sus piernas estiradas coloca cuatro capones, inmovilizados dos a dos por medio  de ligaduras que les sujetan las patas y con la mano izquierda, dedo pulgar e índice, abre y mantiene abierta la boca del animal mientras que con la mano derecha introduce despacio la “croqueta” elaborada con esa misma mano y en el mismo instante de ser servida al pollo, una vez mojada, como hemos dicho, en agua hervida, vino blanco o leche, para a continuación ayudar a que el animal trague el alimento deslizando la mano ya libre por el cuello del capón, de arriba abajo, facilitando así que el bloque de alimento introducido sea ingerido sin riesgo, puesto que la ausencia de estas precauciones suele en muchos casos producir la muerte del animal por asfixia. Si la situación de ahogo se produce la muerte del capón suele ser rápida en la mayoría de los casos si no se acude con prontitud a remediarlo. Puede salvársele la vida al capón medio asfixiado si se le practica la respiración boca a boca por persona práctica en ello, de lo contrario la muerte se acelera. Un cebador villalbés me ha contado – aunque esto carezca de base científica y por eso lo refiero más que nada como hecho anecdótico- que en cierta ocasión – el pasado año 1.974 – salvó la vida a un capón en peligro de morir asfixiado soplándole por el ano. Está convencido de ello por que él mismo efectuó la operación. Posiblemente lo que haya ocurrido es que al poner al animal cabeza abajo, sin él darse cuenta, liberó las vías respiratorias del capón por salida al exterior de la masa que las obstruía. Es la única explicación lógica que cabe al respecto. En todo caso, lo que hay que procurar es que los pollos no se atraganten y que mantengan limpio el paladar en lo posible de modo que la masa, pasta o  “amoado” no se pegue al mismo dificultando la respiración al animal. En este caso hay que procurar limpiar inmediatamente el paladar del pollo.
            En las últimas semanas de la ceba, al encontrarse los capones ya sobrealimentados, la digestión suele ser muy laboriosa, difícil, y entonces los cebadores, para facilitársela, les dan a beber una copa de coñac, con lo que resuelven el problema. La anormalidad en la digestión del alimento por parte de los capones la conocen los cebadores al instante, pues una larga práctica les hace ver enseguida si los pollos “botan papo”, es decir, excesiva hinchazón del buche y, como consecuencia está claro que el animal no “desmoe” el alimento, esto es, que no digiere normalmente.
            Otro riesgo mortal para los capones, una vez que ya empiezan a “engrasar” es la enfermedad al hígado debido a que éste no resiste el exceso de grasa. Se nota en que empiezan por no sostenerse en pie, por paresia de las patas, y al tenderse sobre el suelo de la capoeira, dada la estrechez del encierro, son pisoteados por sus compañeros de prisión lo que, sumado a su enfermedad, acelera su muerte, produciéndose ésta en el plazo de cuatro o cinco días, esto aún contando con que no sufran la indicada violencia por parte de sus congéneres. Por eso conviene administrar a todo pollo destinado a la ceba algún medicamento que fortalezca su hígado antes de proceder a su encierro en la capoeira.

SACRIFICIO DEL CAPON


            Cuando ya se ha cumplido el periodo de ceba –unos treinta y siete días en la capoeira- y el capón alcanzó un peso aproximado de cinco kilogramos, que suele ser el más corriente aunque no el “ideal”, se procede a su sacrificio. Para ello se utiliza una cuchilla o “coiteliña” especial extraordinariamente cortante y puntiaguda, un poco curvada hacia la punta, que suele tener una hoja de unos ocho centímetros de longitud por uno y medio de anchura en la parte más ancha y próxima al mango o empuñadura, siendo ésta de unos diez a once centímetros de longitud y dos centímetros de grosor. Se introduce esta cuchilla por la boca del animal hasta alcanzar el paladar superior y allí se clava removiendola un poco, como arañando, para hacer sangrar rápidamente al capón. Algunos cebadores en vez de un corte o sangría suelen dar tres, dos de ellos en cada una de las partes laterales del paladar y la tercera y última en el centro del mismo. Para realizar la sangría suele colgarse el capón atado por las patas con una cuerda, cabeza abajo, de modo que la sangre afluya a la cabeza y el animal sufra la pérdida de la misma rápida y totalmente. Al realizar esta operación es preciso inmovilizar de modo absoluto las alas del capón porque desarrolla una gran fuerza con ellas y, al aletear desesperada y fortísimamente, suele golpear su propio cuerpo produciéndose grandes hematomas que al amoratar su piel, como en el caso del vino tinto, les hacen perder el codiciado y hermoso color amarillento con la consiguiente depreciación en el mercado inutilizándose, desde luego, como valor de renta o regalo para un amigo.
            Una vez sacrificado o “sangrado” el capón se procede al escaldado del mismo y se le lava muy bien la boca en previsión de que pudiera haber quedado algún coágulo de sangre. Ese escaldado debe hacerse  con cierta demorada rapidez o rápida lentitud, perfecta e instantáneamente calculada para cada animal, introduciéndolo en agua hirviendo el tiempo preciso, ni más ni menos que el necesario, y que sólo una larga práctica permite calcular con precisión absoluta de forma que la piel del ave no sufra el menor daño quedando, no obstante, suficientemente reblandecida para que al ser desplumado el capón la operación sea fácil y su piel aparezca  sin deterioro alguno.
            Ya escaldado el pollo va siendo cuidadosamente desplumado, meticulosamente despojado de las plumas, una a una prácticamente y, una vez totalmente limpio, absolutamente desnudo, es objeto de un “recuchido” escaldándolo nuevamente en agua hirviendo con el mismo “tempero” o cuidado que la primera vez. Este segundo escaldado o “recuchido, a pesar de que ningún cebador de capones lo confiesa, suele hacerse con agua en la que se coció paja de avena o azafrán con el fin de que ese notable y atrayente color amarillento que presentan los capones villalbeses sea reforzado y como consecuencia más lucido, más hermoso, más deseable el ejemplar que lo ostenta.
            Para finalizar se abre el capón y se procede a la extracción de sus vísceras que también irán a la feria o mercado de capones para ser vendidas juntamente con el ave de que proceden o bien por separado, como menudillos, “menudos” o “menudencias” en las que además del hígado, corazón, etc., entran las crestas, previamente separadas de la cabeza del animal. Se concluye la operación clavando la ENJUNDIA, ENxUNDIA o ENSUÑA –como decimos en Villalba- con el raquis de las plumas mayores que a tal fin se han reservado al desplumar el capón y dicha ENSUÑA se coloca, fijándola con las citadas plumas, en la parte trasera del capón, a ambos lados, entre el obispillo o rabadilla y los gruesos muslos del ave. Esto es así en Villalba en la mayoría de los casos, aunque Cunqueiro afirme en A COCIÑA GALEGA que la ENJUNDIA se clava con seis palitos de abedul “mesmo no bispiño”.
            La feria o FEIRA DOS CAPOS –por los años veinte la titulaban Mercado de Capones- tiene lugar en Villalba
            Actualmente, para eludir las inclemencias del tiempo –muchos años la feria de capones tuvo lugar en la Plaza de Santa María de Villalba bajo imponentes nevadas o lluvias intensas- la venta se realiza a cubierto en el pabellón preparado al efecto en el nuevo Campo de la Feria de la villa. Con esto, naturalmente, la feria de capones ha perdido tipismo, pero ha ganado en comodidad para compradores y vendedores. Además esa medida presenta la ventaja de que por parte de los señores veterinarios  encargados de  dicho servicio por el Excmo. Ayuntamiento de Villalba pueda efectuarse un riguroso control de forma que todo animal pueda ser portador del sello acreditativo de ser un capón villalbés al tiempo que son desechadas algunas hembras –gallinas- que quisieran pasar por machos. Y esto de machos no es eufemismo, a pesar del hombre o adjetivo capón, porque la realidad es que, actualmente, nadie castra a los animales de que tratamos debido a la excesiva mortandad que tal práctica producía entre los mismos. Con todo, el capón villalbés es un plato exquisito y merecedor sin duda alguna de que a él solo se le atribuya aquel refrán que dice: CAPÓN DE OITO MESES, COMIDA PARA MESA DE REISES. Esto, lógicamente, no puede extrañarnos si consideramos, ahora que ya los conocemos, la meticulosidad, el cuidado, el verdadero “mimo” que nuestros cebadores de capones ponen en su tarea durante ocho meses para conseguir que los capones por ellos criados y cebados sigan siendo, como lo fueron y lo son, “los mejores capones del mundo”. Del reconocimiento de esta verdad procede la inspiración que impulsó al poeta Manuel María, Cantor da Terra Chá, a dedicarles –TERRA CHÁ 3ª Edicción, Editorial Celta, Lugo 1.972 –el siguiente laudatorio poema:

OS CAPOS
Estes pares de capós
son da terra villalbesa.
¡ Nunca vin outros tan bós
en toda a terra luguesa!

Cébanse moi ben cebados.
Hai que matalos despois.
¡Cando se ven desprumados
teñen un peso de bois!

            Manuel María, como poeta, al tratar de alabar a los capones cree que su mucho peso les hace mejores, pero ya hemos visto que el peso ideal está entre los tres y los cuatro kilogramos y que ese peso debe ser idéntico lo mismo al iniciar la ceba que cuando ya tenemos el capón en canal bien limpio y totalmente desplumado y vaciado.
            Como muy bien dice Eladio Rodríguez López en la obra citada –y no se equivoca un ápice- “se exportan de Villalba en grandes cantidades a Madrid y otras poblaciones de fuera de la Región. “En efecto, puede asegurarse que ya en las primeras décadas del siglo, como luego veremos porque “onde hai letras calan barbas”, era frecuente la presencia en la típica FERIA DOS CAPOS de Villalba de compradores llegados de Madrid y Barcelona y aunque de muchos de los actuales compradores no se sepa el destino que dan a los ejemplares por ellos adquiridos, un verdadero experto cual es Alvaro Cunqueiro nos confiesa abiertamente en su libro A COCIÑA GALEGA tan reiteradamente citado que: “Eu vou todos os anos de Deus a Villalba, onde é a torre dos príncipes de Andrade, o 19 do Nadal, á feira dos capóns” y, un poco más adelante, dice: “Trato como poido, ás veces axudado por espertos e grandes regateadores –coma o vello Chao, que groria haxa- e merco os pares que hei mester, que teño foros que pagar a amigos de Barcelona, de Madrid, de Pamplona, de Vigo… Cada vez é menos doado o regateo, que hai tratantes que mercan ducias de pares para mandar fora do reino, ás grandes cidades. “Lo que dice Cunqueiro me ha sido confirmado por otro verdadero “experto”, don Carlos Pardo Menéndez, Secretario del Ayuntamiento de Villalba, quien, a su vez, también envía capones “fora do reino”, es decir” de Galicia y a quien debo alguno de los más interesantes datos que en este trabajo figuran.
            A fin de que los capones puedan viajar sin riesgo alguno de deterioro se preparan en Villalba, para la ocasión, unas cajas especiales, de madera, estrechas y alargadas, con el tamaño justo para que quepa sin holguras, pero sin que tampoco sufra perjudiciales presiones, un par de capones y la fabricación de tales cajas está tan bien estudiada que lo mismo cabe un capón que dos de tal modo que el pollo solitario viaja en las mismas perfectas condiciones que si fuera acompañado, y al revés, el pollo acompañado lo hace como si viajara solitario. Increíble, pero cierto. Y esta es una de tantas asombrosas realidades que se dan en Villalba –y no sólo alrededor de los capones- y que parecen fantasías no siendo otra cosa que verdades absolutamente demostrables. Con el fin de acreditar el lugar de origen de los capones, esas cajas llevan al exterior una etiqueta que reproduce una vista de la Torre del Homenaje del que fue castillo o fortaleza de los Andrade  y que hoy funciona como Parador de los Condes de Villalba, recuperada para otros tantos siglos como tiene ya de vida por el Ministerio de Información y Turismo siendo titular del mismo el preclaro villalbés Manuel Fraga Iribarne. Esa etiqueta, además de acreditar la procedencia de las aves confirma que lo que las cajas contienen es –como también señala Cunqueiro- “capón e non galiña”, pues ya hemos visto como, en algunos casos, se trata de hacer pasar gato por liebre, esto es, gallina por capón, o sea hembra por macho. Hoy día se tiene un especial cuidado en que eso no ocurra por parte del Ayuntamiento de Villalba y para lograrlo los veterinarios encargados de hacerlo comprueban par a par y pieza a pieza  el sexo de los animales y su buen estado con objeto de que no decaiga lo más mínimo la fama que nuestros capones han llegado a alcanzar en toda la región y fuera de ella. Debe decirse aquí que, también, los capones viajan en cajas conteniendo dos pares, es decir, cuatro ejemplares, pero no es lo más corriente.
            Cumplidos todos los requisitos y una vez adquiridos y bien acomodados en las cajas preparadas al efecto, los capones villalbeses emprenden un rápido viaje hacia sus puntos de destino a los que llegan normalmente en perfectas condiciones aunque a veces, como les pasó en 1.962 a los que Cunqueiro enviaba a Carmen Laforet,, se queden en el camino dando lugar a severas críticas a la R.E.N.F.E y concretamente a su servicio denominado de GRAN VELOCIDAD. El caso, en sí, ya es bien curioso y, por otra parte, nos da una idea de la importancia que nuestros capones han llegado a adquirir para saltar cual si se hallasen vivos o de personajes famosos se tratase a las páginas de la Prensa nacional. Veamos lo ocurrido a través de la exacta transcripción que voy a hacer de los artículos publicados por culpa de los capones villalbeses por la ilustre escritora Carmen Laforet y el no menos ilustre escritor Alvaro Cunqueiro.
            El artículo de Carmen Laforet, publicado en Pueblo de Madrid y posteriormente reproducido por EL PROGRESO, de Lugo, dice así: “GRAN VELOCIDAD”. Con fecha  de diciembre de este año 1.962, que va dando sus últimas boqueadas, salió de Villalba de Galicia, con portes pagados y destino de entrega a domicilio, un suculento pollo capón de cuatro kilos de peso, del que no se ha vuelto a tener noticias en esta fecha, 27 de diciembre del mismo año en que escribo.
            La familia madrileña a quien la generosidad y atención de un amigo destinaba el regalo, se frotó las manos al recibir la carta anunciadora y el talón recibo de la Renfe con fecha 19, como explico. Desde el mismo momento en que se recibió  carta y recibo, en la familia que iba a ser receptora del regalo empezó a sentirse una ligera tensión de espera, inquietud y alegría. Tengo que explicar aquí que en Villalba de Galicia hay una feria de pollos cebados, célebre en toda la región. Son pollos alimentados con leche y con maíz, exquisitos, destinados al sacrificio culinario y a los más magníficos asados y rellenos.
            A los dos días del viaje del ave, la familia ya sentía impaciencia. Ignoraba si el pollo de Villalba había salido de su región vivo o muerto. Suponía la familia que había salido vivo y que, encajonado y oprimido, iba a perder peso rápidamente. A los tres días de espera, la familia, que contaba con este animal para la celebración culinaria de la Nochebuena, empezó a pensar que, quizá, el pollo habría salido muerto ya y desplumado y que el frío reinante –no se atrevía a pensar en el lujo de un vagón frigorífico- iba a conservarlo en perfecto estado.
            El día 23 fue día de emociones en la familia. Los niños, cada vez que sonaba el timbre de la puerta, gritaban: “¡El capón!”.
            Ya se sabe lo que son los niños en vacaciones, con un frío terrible, fuera de casa, que les impide estar todo el día en el parque y que les agrupa dentro de las pequeñas preocupaciones domésticas. Este grito entusiasta de: “¡El capón!”, lanzado en el pasillo de la casa, causó algunos disgustos y cambios de palabras y explicaciones más o menos embarazosas, a los visitantes que se sentían saludados de manera que parecía extraña e incorrecta.
            El día 24, en la oscuridad de las siete de la mañana, mientras gran parte de la familia dormía aun, se celebró un conciliábulo entre las mujeres que tenían que pensar en la adquisición de víveres para los días de fiesta, y el resultado de este conciliábulo fue una excursión valiente, realizada por una joven decidida y una niña de doce años que salieron de casa entre hielo y el aire frío y cortante de las nueve, camino de la estación del Norte, con el taloncito-recibo en la mano, dispuestas a reclamar la mercancía, que suponían aún aprovechable. En la estación del Norte, la temperatura reinante les hizo concebir ilusiones, quizá desmesuradas, sobre la conservación del pollo, pues ellas mismas se sentían tan heladas, que les parecía poder llegar intactas hasta el siglo veintiuno si se quedaban allí.
            Un amable empleado de la estación, examinando el talón de “Gran velocidad”, envió a las dos heladas exploradoras al muelle siete de la estación de Mediodía, donde están las oficinas de entrega “Puerta a Puerta”. Una vez en este muelle, que no por ser de mediodía dejaba de ser frío como un carámbano, formaron una larga cola de personas que reclamaban sus paquetes y vieron con espanto que sólo los envíos a “porte debido” habían llegado ya. Un caballero que reclamaba dos paquetes, uno a porte pagado y otro a porte debido, puestos en la misma fecha, recogió solamente aquel que aún no se había hecho entrega del dinero correspondiente al porte y, naturalmente, el ave de Villalba de Galicia, enviada con demasiada delicadeza y con todos los requisitos para que pudiera tener preferencia en el transporte, no había aparecido aún por Madrid.
            Si estas líneas se escriben para el público es, precisamente, como aviso a los incautos que aún se rigen por las normas dadas en la escuela, heredadas de nuestros padres, en las que se consideraba que un regalo debía ser enviado sin molestia alguna para el receptor y que creó en nuestra conciencia la seguridad engañosa de que, cuando un servicio se paga por adelantado, tiene derecho a prioridad sobre los que se dejan en el aire y con una interrogación en el paso a su destino. Con toda esta finura, delicadeza y sensatez, fue enviada el ave suculenta de Villalba, con una anticipación suficiente para que estuviera a punto de ser consumida en las fiestas, y no tan enorme que pudiera causar molestias en un piso pequeño. En el muelle número siete de la estación de Atocha explicaron que, puesto que el pollo había sido enviado a domicilio, no quedaba más remedio que esperar.
            La familia aún espera la llamada a la puerta con el ave. Espera con el ceño fruncido, esta es la verdad, la carroña del hermosísimo pollo de Villalba, que piensa rechazar cuando llegue. Su agradecimiento al amigo que la envió es tan grande como si realmente se hubiese aprovechado, pero en una familia tozuda esta que espera y está dispuesta a entablar cuantos pleitos sea preciso con el servicio de transportes para que les sea entregado un pollo capón, precisamente de Villalba de Galicia y de cuatro kilos de peso, en perfecto estado para meter en el horno. Ustedes dirán si esta familia tiene razón o no tiene razón en sus pretensiones, después de nueve días de espera en el envío de un comestible a “Gran velocidad”.
            Hasta ahí Carmen Laforet y, pocos días después, en CARTAS AL DIRECTOR, bajo el título de DE PUERTA A PUERTA, Cunqueiro escribe en El Progreso de Lugo lo que sigue:
            “Mi querido amigo: Creo que al adjunto artículo de la ilustre escritora Carmen Laforet, publicado en “Pueblo” de Madrid el 29 del pasado diciembre, merece ser divulgado para que llegue a conocimiento de villalbeses en particular y de lucenses en general. Los capones que se compran en la famosa feria de Villalba o en el mercado lugués, y se envian por la Renfe facturados a porte pagado de puerta a puerta y con entrega a domicilio, no llegan. No creo que no hayan llegado solamente los dos que yo he enviado a Madrid y a Barcelona. Y aún cuando fueran solamente los míos. Tengo que decirle que preferiría, si logramos averiguar, previas las oportunas reclamaciones, donde se perdieron mis capones, que un hambre nocturna, por ejemplo carpetovetónica, allá en Medina del Campo, hubiese arramplado con ellos para un condumio navideño, que no que su pérdida sea debida a que la Renfe no funciona y que ese servicio tan garantizado sea una engañifa... Cuando suceden estas cosas, uno tiene la sensación de que se agrieta el Cosmos, de que nada marcha, de que pueden producirse las peores catástrofes, incluso terremotos y niños con siete cabezas en Badajoz, y de que dejamos de ser gente civil participando en una comunidad. Ya no sería mucho pedirle a la Renfe un servicio especial para llevar a sus destinos los capones villalbeses de Pascuas considerando que el capón de Navidad debe ser sagrado e inviolable como la persona del rey en la Constitución de 76.
Yo ya no puedo volver a hacer –y así se lo digo al señor alcalde de Villalba y a mi ilustre y querido amigo el señor ministro de Información y Turismo-, el elogio de la feria de los capones de Villalba, tan hermosos, mientras no se me garantice que un capón facturado el mismo día de la feria no llega a mesa y manteles navideños oportunamente, ya por incapacidad ferroviaria o por fácil latrocinio de cualquier descampado. De la Renfe puede venir una voz que diga que reclame, que seré indemnizado, pero ¿cree usted, don Puro, que pagándome el capón perdido, me pagan la desilusión? Siento la pérdida por mis amigos, por mí, y hasta por Chao de Villalba, tan solícito en aconsejarme en la compra y atenderme en embalajes, parte sanitario y facturaciones. Quedo tan desazonado que renuncio a comer capón por Reyes, que me sabría amargo. Y para las próximas Navidades, Deo volente, buscaré un propio honesto, como en el siglo XIII, que me lleve los capones a Madrid y Barcelona, por caminos de herradura que sean, olvidándome del espectacular “De puerta a puerta” y de la Renfe, que a lo que parece, por lo menos en estos de transportar capones, tiene retrasos superiores a los del ferrocarril turco de Medina, que según Wooll y el descubridor de las tumbas reales de Ur de los Caldeos, llegaban a trescientas ocho horas en los super-expresos en épocas normales.
            Un feliz año y un cordial abrazo. –Alvaro Cunqueiro”

            Esos capones se han perdido y de ellos nunca más se supo, por desgracia para los ilustres remitente y destinataria. Pero, como no hay mal que por bien no venga, su pérdida en tal ocasión, ha contribuido a que los capones villalbeses fuesen una vez más y públicamente objeto de grandes y no por merecidos menos estimables elogios, sobre todo si consideramos la personalidad de quienes los pronunciaron al tiempo que se les hacía una gratuita y eficaz propaganda de alta calidad literaria. Y considerando lo que respecto al capón escribe la ilustre Carmen Laforet,bien podríamos repetirlo al capón aquello de “Nunca fuera caballero –de damas tan bien servido ...” De todos modos, lo normal es que los capones viajeros lleguen puntualmente a su destino, sanos y salvos y en su totalidad.
            Recibidos alegremente, entusiásticamente, por la familia que ansiosa les esperaba, los capones enturbian la alegría que su llegada provoca al plantear inmediatamente al ama de casa que debe condimentarlo el problema de su preparación por tratarse de un plato insólito, infrecuente, de un ave que para ser degustada ha de condimentarse con arreglo a los cánones y con especial cuidado, con tanto cuidado casi como el que han requerido su elección, selección, cría, ceba, matanza y presentación al mercado. Por ello, con la sana intención de ayudar a las amas de casa a las que tal problema se plantea, evitándoles que tengan que consultar libros por su cuenta o adquirirlos solamente para la ocasión, voy a transcribir diversas recetas culinarias entre las que pueden elegir para condimentar el capón de una o varias maneras, porque también puede ocurrir que los capones que poseemos son varios, el apetito bueno, el estómago resistente y, por otra parte, nada es más cierto que aquel refrán que nos recuerda que “hay más días que longanizas”, de modo que hoy “así”y mañana asado, podamos disfrutar las delicias del capón cocinado de distintas formas y en cualquiera de ellas siempre “exquisito”.
            Entre las recetas culinarias que vamos a transcribir iniciaremos nuestra exposición con las tres que figuran en el famoso libro PICADILLO de Manuel Mª Puga y Parga y que son las siguientes:
CAPON ASADO AL ESPETO: Limpio el capón se ensarta en una varilla de hierro, y sin más preparativos se lleva al fuego, que debe ser de brasas, y se le dan vueltas hasta que la piel empiece a levantar ampollas.
            Se le extiende entonces por todo su ser una fuerte disolución de agua y sal, para lo cual conviene valerse de un hisopo. Se sigue volteando, y así que vuelve a estar seco se unta bien con la enjundia hasta que quede brillante.
            Otros minutitos de volteo, y más sal, y más vueltas, y más enjundia, y así sucesiva y alternadamente hasta que el animal esté dorado y dé un color apetitoso. En este caso se rocía con zumo de limón, se coloca en una fuente sobre lechuga aderezada y se lleva a la mesa.
            CAPON RELLENO: Picarás lomo de cerdo, ternera, jamón y tocino en proporciones de dos, uno, tres cuartos y medio, respectivamente. Sazonarás el picadillo con pimienta y sal, la freirás y le adicionarás setas partidas al medio y aceitunas deshuesadas. Rellenarás el capón salándolo por el exterior y colocándolo en un asador o tartera. Le pondrás bastante manteca de puerco y lo asarás en el horno hasta que esté dorado.
            CAPON CON OSTRAS: Se toman las ostras frescas necesarias, según el tamaño del capón.
            Se reduce a picadillo un trozo pequeño de ternera y se mezcla con ostras, friéndolo todo en la sartén y en tocino derretido. Cuando está a medio freír, se le agrega un poco de picadillo de verdura cocida y cuatro huevos batidos, agitando esta mezcla y sazonándola con sal, pimienta y moscada.
            Tan pronto la pasta está seca, se separa del fuego y se reduce a picadillo fino, sobre la tabla, incorporándola después otros dos huevos crudos y algunas ostras enteras.
            Con esto se rellena el capón, salándolo exteriormente y dándole un baño con manteca de cerdo derretida.
            Se asa al espeto, recogiendo el jugo que suelta, el cual, una vez asado el capón, se mezclará con caldo y con el zumo de un buen limón para que le sirva de salsa.
            Se coloca en una fuente una capa de tostadas de pan, fritas y bien doradas en manteca también de cerdo, y sobre ellas se pone el capón dividido en trozos, cubiertos estos con el relleno y bañando todo con la salsa.
            Como la operación haya sido bien ejecutada, resulta un plato delicioso”.
            Aquí termina PICADILLO y a esa afirmación con la que finaliza al decir “resulta un plato delicioso” habrá que añadir un “némine discrepante” cuando el capón es villalbés.
            Alvaro Cunqueiro en su tantas veces citado libro A COCIÑA GALEGA nos da una variante, la suya, del CAPON ASADO AL ESPETO que, teniendo en cuenta la existencia  de buenos“gourmets” a los que pueda interesar voy a transcribir también, sin traducirla al castellano dado el comprensible gallego que Cunqueiro escribe y que dice así:
“Un capón ásase moi ben ao espeto, cun lixeiro adobo de allo e limón, e salado, e con manteiga de porco, ou ao forno coa grasa mesma de seu.Métenselle drento as mazáns que lle queipan,ou ameixas pasas, ou castañas ben peladas, ou de todo. E non lle vai mal cando está a máis de medio asar, botarlle un pociño con viño branco seco ou coñac, e zugo de limón. Eu non recomendo o capón recheo, aunque seña de ostras. A receta que da “Picadillo” do capón asado ao espeto é a que eu teño ouvido, i ensaiado, ainda que eu a iauga con que o baño denantes de comezar a untalo coa enxudia, é cando, como dí o cociñeiro e fidalgo cruñés, “la piel empieza a levantar ampollas”, ademáis de sal bótolle sal de apio e un chorriño de vinagre a primera vez, e nas derradeiras voltas, zugo de limón, que é millor que botar éste cando o capón vai á mesa. (No que non sigo a “Picadillo” é no servilo “sobre lechuga aderezada”. Si se me permite, o capón non tolera a ensalada de leituga; en troques vanlle ben unhas patacas asadas, ou puré de castañas, que si se quere métese no forno para que se dore i encostre –ou castañas cocidas, ou coles de Bruselas, ou bertóns, si os hai, cocidos en auga, sal e un pouco de vinagre, e despois pasados un pouco na sartén, escurridos pero non moito, na grasa da enxundia do capón, e si é pouca a que queda, engadíndolle manteiga de porco).”
            SAVARIN – Robert J. Courtine – en su ya citado libro, cuyo título original en francés es la VRAIE CUISINE FRANCAISE, nos da la siguiente receta para el CAPON RELLENO:
            1 capón de 3 Kgs., 1 Kg. de salchichas ( o 600 gr. de magro de cerdo y 400 gr. de tocino), 25 gr. de especias molidas, 2 yemas y 1 clara, 1 vaso de jerez, un puñado de piñones, otro de pasas y 300 gr. de loncha de tocino.
            Se limpia, vacía y flamea el capón y se le corta el cuello.
            Se mezclan todos los ingredientes de relleno y se meten dentro del ave por el buche, cosiendo después la abertura. Se envuelve en la loncha de tocino, se deja cuarenta y ocho horas al fresco y se asa. El relleno puede hacerse con castañas cocidas, ciruelas pasas, trocitos de salchicha, aceitunas, manzanas, etc.”
            Aquí conviene aclarar que SAVARIN, al parecer, habla del capón sacrificado en casa. Tratándose del capón villalbés no hay problema alguno puesto que nos llega totalmente dispuesto para, una vez aderezado, pasar inmediatamente al asador o al espeto, según la fórmula que se prefiera.
Aún podemos seguir a SAVARIN en su receta del CAPON A LA KAUNITZ. Kaunitz. – Wenceslao Antonio Domingo – fue príncipe y conde de Rittber. Estadista austríaco (1.711 – 1.794), organizó la gran coalición contra Federico el Grande y, según dicen, gozó de la ilimitada confianza de la emperatriz María Teresa. Con todo eso, quizás ya estuviera totalmente olvidado si no llega a ser aficionado al capón. Pero veamos su receta del Capón a la Kaunitz:
            “Filetes de capón picados y salteados con los menudillos del ave: al momento de servir se acompaña con un “velcuté” de ave y rodajas de huevo duro:”
            Breve, pero sustanciosa receta la del señor conde de Rittberg. Si llega a conocer el capón villalbés, probablemente no se hubiera quedado ahí pues al parecer tenía ideas el hombre. Con todo, los villalbeses le quedamos “sumamente agradecidos” – como decía aquel ocurrente vecino nuestro – porque nos ha enseñado una fórmula más para preparar nuestro plato preferido cuando “La Nochebuena se viene...”
            María del Pilar Bueno en su libro COCINA ESPAÑOLA – Editorial Gassó Hnos. Barcelona. 1.968 -, citando al capón gallego y destacando, como es natural, al de Villalba, nos ofrece la siguiente receta para el CAPON ASADO y escribe:
            “CAPON ASADO.- Dicen los gallegos que no hay nada más exquisito que el capón cebado de Galicia y en especial el de Villalba en la provincia de Lugo - ¡Gracias, María del Pilar! -. Según los “gourmets” tienen un “fumet” o tufillo especial, y no debe comerse antes que ese tufillo se desarrolle ni dar tiempo a que avance dando cuenta de lo avanzado del ave. Se distinguen estos capones en que traen sobre el lomo sujeta una pluma – eso ya lo hemos dicho mejorándolo, simpática – y con ella deben ser asados.
            Bien desplumado y limpio – los capones villalbeses ya se presentan así, querida – se aroma su interior con un chorreón de vino generoso, poniendo después una pequeña pella de manteca no mayor que el tamaño de una nuez. Aparte haremos un buen picado con cien gramos de magro fresco de cerdo, y otros cien gramos de ternera, amasados con una pizca de harina y un huevo crudo, que se sazona con sal, pimienta y nuez moscada.
            Se rellena bien por abajo y por el buche, apretando la masa y cosiendo ambas aberturas. Seguidamente en recipiente hondo lo ponemos a horno suave, dándole vueltas y regándole con un aceite con la misma grasa que suelte. Si se observa muy seco y todavía no ha alcanzado su punto de cocción, se vierte un cacito de caldo que tendremos caliente y en reserva para esta necesidad. Cuando falta poco para cocer totalmente se vierte un vaso de buen vino, espolvoreando con un poco de sal y pimienta por su piel y se eleva el calor del horno hasta que se consigue un dorado uniforme, pero sin que su piel se rompa, cosa que evitaremos cuidando que en lo posible no le toque el aire en tanto se condimenta.
            Se sirve muy caliente en fuente que tendremos caliente al tiempo de sacarlo de la mesa. “ Y hasta aquí las recetas culinarias.
            Escribiendo sobre el capón un nativo de Villalba cual es el infrascrito, podría pensarse que la apología que de los capones villalbeses se hace, se basa más que en el pensamiento en el sentimiento, que es el que suele mover a los hombres. Para probar que no es así voy a transcribir una serie de referencias al capón hechas por escritores no villalbeses y nada sospechosos de apasionamiento en cuanto a Villalba se refiere.
            Don Ramón Otero Pedrayo – Guía de Galicia, Editoria Galaxia, Vigo, 1.954 – escribe:
            “Caracterizan a Villalba tres antiguas industrias: la fabricación de zuecos de diversos tipos de uso extendido a toda la región costera, la cría de capones (cebados y castrados, de pequeño tamaño y sabor exquisito) y la industria de los quesos picudos, densos y curados, llamados de San Simón, elaborados en muchas parroquias del contorno.
            Ahí tenemos al gran Otero Pedrayo reconociendo el SABOR EXQUISITO de los capones cebados en la que fue Santa María de Montenegro.
            Otro gran escritor gallego, don José María Castro Viejo –Guía de Galicia. Espasa-Calpe S.A. Madrid, 1.960 – nos dice:
            “Villalba es hoy una activa villa bien tratada, con nobles y hermosos oficios como el de los zuecos de extendida fama, los ahumados y puntiagudos quesos de SAN SIMON, bajo el oro de cuya crescitante corteza se esconde un alimento exquisito que permite colocarlos en cualquier mesa al lado de los mejores del mundo, y su universalmente famosa feria de “capones” – castrados, inmovilizados y cebados con tradicionales reglas de sabio condimento, que los transforman en aves de un sabor insuperable – en vísperas de Nochebuena, a la sombra de la torre de los Andrade que preside plaza, aire y pueblo.”
Y una vez más, recurrimos al renombrado Alvaro Cunqueiro – LUGO. Editorial Everest, Vitoria. 1.968 – para que añada algo aún sobre Villalba y  sus capones y leemos:
            “Villa de grandes ferias mensuales, tiene una fecha impar en su calendario: la feria de los capones, el 19 de diciembre. Criados en parroquias vecinas y en otras de Terrachá y de la sierra de la Corda, cebados con harina de centeno o de maíz – de maíz preferentemente, don Alvaro – y migado de castañas, adormecidos en las “capoeiras” de mimbre de las cocinas aldeanas con una copita de vino dulce – esto suelen hacerlo algunos, sí, señor don Alvaro -, muertos en la víspera de la feria y desplumados, los capones de dorado color llena la plaza de Santa María por cientos de pares, exhibidos en cestas, sobre blancos manteles. Tratantes madrileños y catalanes aprecian los capones en demorados tratos. Al fin se los llevan para la gran comida navideña. Y desde la plaza de Santa María los portan hasta el lugar de la entrega las vendedoras, bien envueltas en la gruesa toquilla, y pisando con excepcional gentileza, calzadas con las chinelas, el blanco calzado de madera de álamo, típico de la Terrachá. La feria comienza con el alba y el quiquiriquí de los supervivientes a la gran matanza, despide a los honestos y rollizos muertos.”
            El lector habrá observado, porque no es tonto, que tanto Otero Pedrayo como Castro Viejo y el mismo Cunqueiro, hacen referencia a los zuecos y zuecas que eran típicos de la Terra Chá. Digo “eran” porque por suerte o por desgracia – que esto de la suerte y la desgracia nunca se sabe sí lo son hasta que es tarde – ese típismo va desapareciendo y hoy apenas existen “zoqueiros” ni gentes que usen “zocos”. Son cosas del “progreso”. También como hemos visto anteriormente la típica Feira dos Capós ha desaparecido de la Plaza de Santa María donde se celebró quizás durante siglos y la comodidad ha vencido al tipismo. Todo tiene sus compensaciones.
            Aún transcribiré, para terminar con este tipo de citas –otras esperan impacientes- lo que en su GUIA SECRETA DE GALICIA – Editorial Al-Borak, Madrid, 1.974 – nos dice Juan Soto.Veámolo:
            “La feria de los capones, días antes de la Nochebuena, es sonada en toda España. El capón de Villalba – cebado en la “capoeira” con harina de centeno y castañas – se estima como plato exquisito en el mundo entero. Relleno de manzanas constituye siempre manjar incomparable y digno de figurar en mesa de cardenales y abades mitrados.”
            A Juan Soto se le olvidó lo de los Reyes, por lo que se ve, pero tiene razón al decir que el capón villalbés, bien preparado, es como suele decirse “bocado de cardenal”. Estuve a punto de no citar el tópico, pero la verdad es la verdad y el capón villalbés no tiene culpa de que también a los cardenales les guste comerlo.
            Al llegar aquí algún lector podría pensar que ya está bien de panegíricos y que el capón no es para tanto. Amodiño...amodiño... De la importancia del señor capón, o del ilustre capón, podemos darnos una idea sabiendo que fue citado por tres escritores “cumbre” en lengua castellana: El Arcipreste de Hita, Quevedo y Don Miguel de Cervantes Saavedra. Vamos verlo.
            En el LIBRO DE BUEN AMOR del Arcipreste de Hita –Clásicos Castellanos. Espasa-Calpe S.A.. Madrid, 1.970 – ese desenfadado Juan Ruiz, que vivió entre 1.290 y 1.352, nos hace tres citas del capón, siempre en plural, quizás por aquello de que “ con un pé solo non se anda” y dice en la copla 1.082, dentro de “ DE LA PELEA QUE OVO DON CARNAL CON LA QUARESMA:

  Pusso en la delantera muchos buenos peones:
Gallynas é perdiçes, conejos e capones,
Ánades é navancos é gordos anssarones:
Fazían su alardo çerca de los tysones.
Y en la copla 1.107:
 De parte de Bayona venian muchos caçones:
Mataron las perdizes, castraron los capones,
Del río de Henares venían los camarones;
Fasta en Guadalquivir ponen sus tendejones.

Y dentro de ENXIENPLO DEL GALLO QUE FALLO EL ÇAFIR EN EL MULADAR, en la copla 1.393 del mismo LIBRO DE BUEN AMOR tropezamos de nuevo con el capón:

                                   Comedes en convento sardinas e camarones

Verçuelas e lasería é los duros caçones;
Dexades del amigo perdizes é capones:
  Perdédesvos, cuytadas mugeres, syn varones.

Debo advertir que la edición que cito del LIBRO DE BUEN AMOR, es la de Julio Cejador y Franca. Que conste, para que no haya  lugar a dudas.
-Por su parte, el nunca bien ponderado Don Miguel de Cervantes Saavedra – Don Quijote de La Mancha, Parte II, Cap. XIII – pone en boca de Sancho al capón cuando le hace hablar así:
            “Señor – replicó Sancho, si a vuesa merced le parece que no soy de pro para este gobierno, desde aquí le suelto; que más quiero un solo negro de la uña de mi alma, que a todo mi cuerpo; y así me sustentaré Sancho a secas con pan y cebolla, como gobernador con perdices y capones...”
            Y para terminar con las citas literarias, para luego pasar a las históricas porque el capón da mucho de sí en todos los sentidos, como vemos, leamos lo que Don Francisco de Quevedo y Villegas nos dice en LA HISTORIA DE LA VIDA DEL BUSCON LLAMADO DON PABLOS – que es lo que sigue.
            En el Libro I, capítulo IV, del citado libro, escribe Quevedo: “Solíamos contar a don Alonso como al sentarse a la mesa nos decía – se refiere Don Pablos al licenciado Cabra – males de la gula, no habiéndola él conocido en su vida; y reíase mucho cuando le contábamos que en el mandamiento del No matarás metía perdices y capones y todas las cosas que no quería darnos.”
            Y en el Libro II y capítulo II del mismo libro leemos.: ...yo me voy a la sopa de San Jerónimo adonde hay aquellos frailes de leche como capones, y allí haré el buche.”
            Si después de haber considerado como se merecen las citas antecedentes el lector no se ha convencido de que el capón es todo un personaje de fama universal y digno de los más altos encomios, es que el lector es un hombre sin fe,un agnóstico perdido,y en tal caso hay  que abandonarlo a su triste suerte porque jamás sabrá lo que es bueno si no está dispuesto a degustar en su vida un buen capón villalbés, asado al espeto como mandan los cánones y condimentado “a lo Cunqueiro”.
            Cuando el infrascrito afirmaba que la ceba del capón podía considerarse como una práctica milenaria, sus razones tenía y fácilmente puede deducirse teniendo en cuenta que el Arcipreste de Hita, nacido en el siglo XIII, ya cita al capón como manjar excelente y deseable equiparándolo a la perdiz que, dicho sea de paso, tampoco es moco de pavo. Las citas de Cervantes y Quevedo, nacidos ambos en el siglo XVI, ya se producen siglos después y no son, pues, fundamentales, en cuanto a la antigüedad de la cría y ceba del capón se refiere. Seria interesante tener a mano, para poder consultarlo al respecto, el RERUM RUSTICARUM LIBRI III, de Marco Terencio Varrón, que trata de las palomas, aves de corral, colmenas y viveros de pescado. Posiblemente encontraríamos allí la prueba definitiva de que el capón, como la gallina, viene siendo desde hace muchos milenios, compañero y alimento de este “mono desnudo” que es el hombre según el zoólogo Desmond Morris. Lo que sí se puede asegurar es que, desde hace muchos siglos, el capón vino sirviendo también – y esa costumbre ha llegado a nuestros días – como pago de rentas que los vasallos debían abonar a sus señores. Vamos a demostrarlo.


                EL CAPON COMO RENTA

 

            En su libro GALICIA EN TIEMPO DE LOS FONSECA – Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, MCMLVII – escribe Salustiano Portela Pazos: “No muy en zaga a la de Lemos, iba la casa de los Andrade, por lo que a rentas toca, antes bien la superaba.. Disfrutaba de los estados de Andrade, desde el año 1443, y con ellos de los señoríos de Puentedeume, Ferrol y Villalba, Fernán Pérez de Andrade,O Mozo, hijo de Nuño Freire de Andrade”.Y, con palabras textuales de Vasco de Aponte, Portela Pazos nos hace saber que Fernán Pérez, entre otras muchas rentas, posesiones y bienes innumerables, “Tenía dinero en menudencias al pie de dos cientos mil maravedises. Tenía de tocino, carneros, cabritos, marranas, gallinas, capones, perdices, pescado de todas maneras; ahora no se da sino el que quiere, y de bois e vacas le daban tanto presente que no había menester comprarlo...”.Sabiendo que Fernán Pérez “ tenía soga y cuchillo sobre tres mil cuatrocientos  hombres, los dos mil trescientos suyos, los mil trescientos de behetrías que venían con apelaciones, y de otras jurisdicciones de que no tenía Juzgado. Tenía de vasallos de otros más de mil quinientos hombres”, fácil es de suponer la cantidad de capones que recibiría en concepto de rentas y vasallaje. Como para poder comer capón todos los días del año.
            Eduardo Lence-Santar y Guitián, el de la luenga barba valle inclanesca, en los APENDICES a su libro PAGINAS HISTORICAS GALLEGAS – Tomo I, Mondoñedo, 1.930 – nos hace saber que, después de la muerte – ejecución – del Mariscal Pedro Pardo de Cela, en Mondoñedo, los “prexurados” o traidores que le entregaron, así como sus descendientes, fueron y quedaron obligados a pagar a la casa de Pardo de Cela un par de capones de renta. Lence, para darnos la noticia con toda fidelidad, transcribe lo que sigue de la RELAZON DA CARTA XECUTORIA:
            “E tondos e feos defcendentes pagan na cafa finas da fua traçon, con un bellón de laa e dous capois por fumes”.
            No será preciso aclarar que la “f” en el texto transcrito debe pronunciarse como “s”, aunque si conviene decir que la RELAZON DA CARTA XECUTORIA, tal como Lence lo escribe, “la halló impresa en su palacio de Taboy D. Fernando de Saavedra Rivadeneira y Aguiar Pardo de Figueroa, 33 sucesor y poseedor de la casa de Saavedra y de las casas y solares de Aguiar y Lobera.”
            En los ya citados APENDICES del mismo Lence-Santar leemos que “Dª María de Bolaño falleció en 1.521, viuda de Mariscal Alvaro González y que dejó a su muerte muchos bienes “de mucha calidad e cantidad e precio e balor”. Y que Dª María de Bolaño, entre esos bienes tenía los siguientes: “El coto de Cospeito con su jurisdicción civil y criminal, en el cual había 36 vasallos que suelen pagar luctuosas cuando mueren y rentan los 15 vasallos cada uno seis capones cebados...”
            De un documento antiguo – siglo XVI – obrante en el Archivo Histórico Provincial de Orense y transcrito por Xesús Ferro Couselo en su libro A VIDA E FALA DOS DEVANCEIROS – Tomo I. Editorial Galaxia. Vigo 1.967 – nos aprovechamos para enterarnos de que el Monasterio de Celanova tenía “casares e herdades” en muchos lugares, “Iten, ena Yglesia de Río de Moyños a de aver o dito mosteiro en quada un ano un boo touçiño e XXX pans brancos por leoneses, e LX paas çenteos, e un sesteyro de viño por la medida vella e çinque teegas de çevada por la medida vella e un cabrito ou un boo leytón ou un boo capón...”
            Y por mi antepasado Manuel Mato y Vizoso – JURISDICCIONES Y COTOS ANTIGUOS DEL PARTIDO DE VILLALBA. Eco de Villalba. Núm 8 – 1 de Julio de 1.908 -, llego a saber que “El Coto de San Martín da Fraga, en Cabreiros, que era del Monasterio de Lorenzana, fue aforado por los monjes del mismo, por escritura del año 1.691 a los colonos de los diferentes caseríos.
“Consta del expresado documento foral que los vecinos del Coto da Fraga, pagaban al Monasterio de Lorenzana, como canon o renta el cuarto de los frutos que recogía, y por Navidad, en concepto de vasallaje cuatro capones cebados cada uno...”
            Terminando aquí las citas de documentos anteriores al siglo XIX por estimar son esas suficientes como prueba de que el capón ya se entregaba en concepto de renta o vasallaje hace varios siglos, le entran a uno deseos de exclamar, dirigiéndose a los excelentes vasallos que cebaban sus capones para monjes y feudales, aquello que se lee en el POEMA DEL CID: “Dios que buen vasallo...”. Quede dicho aunque ya no puedan escucharse aquellos buenos vasallos que no “ovieron” buen señor. Porque la verdad es esa. Porque la verdad es que hasta tiempos aún no muy lejanos, los buenos vasallos gallegos, los sufridos campesinos, vivían en la miseria para que sus señores pudieran vivir en la opulencia y fueran felices comiendo perdices – como en los cuentos- y... capones, no faltaría más. Por algo me decía don Carlos Pardo Menéndez, hablando de capones y de su precio, y comparando éste con que tenía el trigo en el siglo pasado, “La historia de Galicia es la historia del hambre”, nada mejor dicho. Hoy, gracias a Dios, ya no es así y todos vamos comiendo aunque no sea precisamente capón, pues sigue siendo un plato para ricos. Y esto no es hablar a tontas y a locas porque el año pasado llegó a valer un par de capones villalbeses seis mil pesetas y muchos pares fueron vendidos a cuatro mil pesetas, prueba de que nuestro capón es algo altamente estimado y cotizado.

BREVE HISTORIA DEL PRECIO DEL CAPON

            Y ya que hablamos del precio del par de capones vamos a seguirle la pista hasta donde nos sea posible.
            En 1.835, primera fecha de la que podemos asegurar con conocimiento pleno, por constar en documento obrante en el Excmo. Ayuntamiento de Villalba, el precio del par de capones, se fijó éste en DIEZ REALES, lo que traducido a pesetas supone un valor de 2,50 en esta última moneda. Claro que los reales de entonces eran eso y las pesetas actuales más bien son “irreales” dado su escaso valor adquisitivo.
            Para 1.840 – seguimos aún con el siglo XIX – vamos a transcribir el Acta correspondiente puesto que los precios eran fijados de un modo oficial – los precios medios, se entiende – aunque luego en el mercado fuesen sensiblemente superiores. Veamos el Acta en cuestión:
            “Valores de 1.840.- Tomados por los Señores del Ayto. constitual. de esta Villa y su Distrito los valores delas especies que comunmente se veneficiaron en esta Villa Capital de Partido por los mercado y ferias públicas que en ella se han celebrado por los meses de Abril, Mayo y Junio del corriente año según la antiquísima costumbre de esta municipalidad, por lo tanto dhos. señores fijan los precitados valores de las especies más comunes que se pagan por rentas a propietarios, los siguientes
                                                                                                                                 
                                                                                                                                  RS
                        La fanega de Centeno compuesta por Cuatro ferrados
                        por la medida de este Juzgado a Cuarenta y ocho Rs.                     48

                        La fanega de trigo por igual media de esta Juzgado a
                        sesenta rs.                                                                                         60

                        La fanega de habichuelas por igual medida a cuarenta
                        y ocho rs.                                                                                          48

                        El Par de Capones cebados, buenos y limpios tomados
                        sus valores de los meses del Dic, del año último, Enero
                        y Febrero del Corriente a doce rs.                                                    12

                        El Carnero bueno y limpio a doce rs                                                12

                        El Cuartillo de manteca por la medida que se usa en esta
                        jurison a cuatro res                                                                              4

                        La libra de Cerros gallegos de veinte onzas a Tres rs.                       3

                        La gallina buena a Tres rs.                                                                  3

                        La fanega de Maiz por igual medida de este Juzgado a cua-
                        renta y ocho rs                                                                                    48

            Que son las únicas especies más comunes y de costumbre de que esta Ayto. prefija los respectibos valores por el presente año y frutos del último de Treinta y Nuebe y acuerda la Corporación que así se obserbe. Villalba Junio veinte y Tres de mil ocho cientos cuarenta.”
            Y firman Mouriz, Rua, Bernardo Fdz., Trastoy, Castro, Calaza, Jato, Montes, Losada, Lindin. “Por ado. del Aymo.” firma “ Sro. Pedro Mª Vizoso y Silva”.
            El Acta transcrita es interesante por muchos motivos, y no sólo ortográficos, pues vemos como el par de capones valía tanto como un carnero “bueno y limpio” y además de en el mes de diciembre, por Navidad, en los meses de Enero y Febrero, contra lo que hoy ocurre, puesto que únicamente se celebra la FEIRA DOS CAPOS en diciembre y “hasta el año que viene si Dios quiere”. También podemos enterarnos de los principales productos que concurrían a las ferias y mercados y de su valor en relación unos con otros. ¿Sabe hoy alguien lo que son los “Cerros gallegos”? ¿Escribe hoy alguien con mayúscula Centeno, Trigo, Carnero, Maíz, etc.? Aquellas gentes sabían muy bien que los productos de la tierra merecen ser nombrados así, con letra grande, que es una muestra de respeto a lo que procede del buen Dios.
            Hasta 1.874 el precio del par de capones sigue fijándose en reales y su valor entre el citado año 1.835 y el año 1.853 oscila entre los 10, los 12 y los 15 reales. En 1.854 el par de capones de pone a 20 reales y hasta el mencionado 1.874 oscila su precio entre 20, 24, 25 y 28 reales – precio máximo en el año 1.869 – para bajar otra vez a 24 reales en 1.873. A partir de este año y hasta la actualidad ya el precio del par de capones, lo mismo que el de los restantes productos, aparece fijado en pesetas y desde 1.874, inclusive, hasta 1.899 los precios del par de capones oscilan entre las seis pesetas y las nueve pesetas llegando algunos años a valer 10 ptas. el par 1.878, 1.879 -, por ejemplo, y hay un año, el 1.891, único en el que alcanza las once pesetas el par. Y es una buena subida entre los 24 reales que suponían las 6 pesetas de 1.874 y los 44 que suponen las once pesetas de 1.891. En el año 1.900 se cotiza a diez pesetas el par de capones. Sube a doce pesetas en 1.903. En 1.905 se pone a 12,50 ptas. el par de capones y este precio se sostiene invariable hasta 1.914. En 1.915 se vende a trece pesetas par y en 1.918 se registra un alza notable, poniéndose el par de capones a 20 ptas. para venderse a 24 ptas. en 1.920, a veintiocho pesetas en 1.921 y a 26 pesetas a 1.922. Algo tendría que ver con esto la primera guerra mundial llamada entonces Guerra Europea. En 1.923 el par de capones baja a quince pesetas y oscila entre dicho año y el año 1.937 entre las citadas 15 y las 20 pesetas. En 1.938 sube a treinta y cinco pesetas. En 1.939 a sesenta pesetas el par. Desde ahí hasta 1.943, sin variación alguna se cotiza oficialmente a 50 ptas. el par de capones aunque en el mercado alcance doble precio. Desde 1.944 a 1.947 se sostiene el precio medio de 100 ptas.el par de capones y desde 1949 que aparece a 200 ptas. par, va subiendo paulatinamente hasta alcanzar los elevados precios registrados en 1.974, año en que se dijo, sin que haya podido comprobarse, que un par de capones había sido vendido en OCHO MIL pesetas. Lo que e sí se pudo comprobar es que ese año se vendieron pares de capones en Villalba a SEIS MIL pesetas algún par y muchos de ellos a CUATRO MIL pesetas la pareja de capones.
            Que las ferias de capones – y las otras – datan en Villalba de tiempos antiquísimos, ya hemos podido comprobarlo en el documento transcrito anteriormente. Ahora, para finalizar este trabajo, vamos a transcribir, tomándolas de algunos ejemplares de HERALDO DE VILLALBA, algunas noticias sobre el entonces llamado Mercado de Capones y, de paso, sabremos que dicho mercado también se celebraba en la Feria del Monte corriendo los años veinte.
            En el número 110 de Heraldo de Villalba, correspondiente al día 8 de diciembre de 1.920 leemos lo que sigue: “ Mercado de Capones.- El mercado de capones en la Feria del Monte tendrá lugar el próximo día 18 y en Villalba los días 19 y 20, según costumbre sin impuestos en ambos días. Después habrá que pagar por cada par 0,25 pts.”
Y del número 112 de Heraldo de Villalba, de fecha 8 de Enero de 1.921, transcribimos la siguiente noticia: “El mercado de capones, celebróse los días 19 y 20 del pasado con mucha animación. Fue grande la abundancia de los preciados volátiles pagándose algunos pares a 55 y 60 ptas.”
            Y continuando con Heraldo de Villalba – núm. 148-31 de Diciembre de 1.923 – leemos: “Mercado de Capones.- Los días 18 y 19 del actual, como es costumbre desde hace algunos años, tuvo lugar el mercado de capones, coincidiendo el primer día con el ferión, lo cual contribuyó a que hubiese muchos compradores. Los precios sin embargo sufrieron alguna depreciación con referencia al año anterior.”
            Y volviendo al año 1.921, esta vez con fecha 25 de diciembre de dicho año y número 124 del periódico, Heraldo de Villalba, una vez más, nos da noticia de los mercados de capones en Villalba y en la Feria del Monte al publicar el siguiente suelto. “Mercado de capones.- En los mercados del 18 en la Feria del Monte y de los días 19 y 20 en esta villa, hubo mucha demanda y buenos precios para los capones.
            Se vendieron los mejores a 70 y 80 pts. par y los regulares oscilaron entre 30 y 40 pts.
            No hubo tanta abundancia como el año anterior, y esto, como es natural influyó en los precios.”
            Y el último Heraldo de Villalba que nos ha sido posible consultar – número 170, de 31 de Diciembre de 1.925 - nos da esta pequeña noticia: “Mercado de Capones.- El mercado de capones celebrado los días 18 y 19 estuvo bastante animado. Los precios oscilaron entre 20 y 45 pts. el par”.
            Ya no nos habla Heraldo... en 1.925, del mercado de capones que tenía lugar en la Feria del Monte. (¿Habría desaparecido ya por esas fechas? ¿Lo habría asfixiado ya, como si de un capón se tratase la pujanza creciente de la FEIRA DOS CAPOS de Villalba? Para no cansar más al lector dejamos las preguntas colgando de la cresta de un capón que ni cuenta se da de ello dado lo amodorrado que se encuentras después de haber cenado copiosamente y de haber ingerido, para endulzar la boca, la sabrosa copa de vino dulce con que su buen cebador le obsequió. Cosas de Villalba. Cosas nuestras. Porque los villalbeses somos así y realizamos la hazaña, casi el milagro, de cebar “los mejores capones del mundo”. Y si lo decimos, que conste, no es por presumir sino para que los demás vayan aprendiendo. He dicho.


Villalba da Terra Chá
8 – Noviembre de 1.975



Breve nota del "escriba" del blog: He querido hacerme eco de este extenso escrito, a pesar de que hoy hay una conciencia social que antes no existía, que llega incluso hasta la fiesta de los toros. En cualquier caso, el documento es histórico, supuso un esfuerzo considerable -es de suponer, por su metraje y profundidad-, y merece la pena ser recordado como parte de la cultura. Por cierto, los animales siguen sufriendo unas condiciones de vida y unas muertes horribles, no sólo los que son criados en granjas o sitios peores. No es fácil la solución en un mundo donde prima el interés económico y la industrialización. Si bien la naturaleza es cruel de por si -el animal salvaje o come o es comido, y no son muertes dulces precisamente-, nosotros somos, en teoría, seres racionales con mayor conciencia. Lo ideal -aunque ya sabemos lo que pasa con las cosas ideales- sería buscar el modo de mitigar al máximo el sufrimiento de los animales en crianza -no sólo de los capones-, compaginándolo con las mejores costumbres gastronómicas antiguas. Ojalá que así pueda ser en un cercano futuro.